Ushuaia, el fin del mundo.

Pensábamos que no llegaríamos pero estábamos en la ciudad mas austral del planeta. El ultimo chico que nos levantó nos dejó en el punto de información y de ahí con todos los datos que necesitábamos fuimos a un hostel porque no nos había contestado ningún couch. En el primer hostal al que fuimos solo había una cama pero ahí pudimos conectarnos a Internet y un hombre al que habíamos mandado un mensaje la noche anterior a CouchSurfing nos había contestado.

Contactamos con él y nos vino a buscar junto a su esposa. Se llamaban Mario y Cecilia, una pareja de medicos jubilados. Amantes de los viajes, se han recorrido medio mundo y ahora se iban a recorrer Sudamérica por la costa. Tenemos que decir que en lo que a casa se refiere ha sido la mejor. Tienen un altillo en su casa con cocina, baño, sofa, tele y cama. Muy amplio y acogedor. Con ellos compartimos charlas sobre viajes, sobre política argentina, realidad socia-cultural en Tierra del Fuego… gente muy amable y con muchas historias y anécdotas que contar.

Museo del Presidio
Museo del Presidio

El primer día, como llegamos a media mañana y fuimos a casa no teníamos mucho tiempo así que lo dedicamos para ver el museo del presidio. Un poco caro pero interesante para conocer la historia de Ushuaia y Tierra del Fuego.

Replica del Faro del Fin del Mundo
Replica del Faro del Fin del Mundo

Al día siguiente Mario nos puso en contacto con una amiga suya y con ella y cuatro mujeres mas hicimos un trekking de verdad, sin senderos, nos guiamos por las pachetas. Llegamos hasta la Laguna Holanda, un lugar nada turista, pero desde el camino pudimos contemplar la Laguna Esmeralda y preciosos paisajes. No fuimos un dia soleado pero por suerte no hubo ni viento ni lluvia. Mientras subíamos y bajábamos vimos el efecto de los castores en la zona, imparables ya que no tienen depredadores.

Caminata
Caminata
Al fondo la Laguna Esmeralda
Al fondo la Laguna Esmeralda

El día después lo dedicamos para visitar el Parque Nacional Tierra del Fuego. Fuimos a dedo y como a un kilometro de la entrada nos levantaron dos porteños que nos llevaron hasta la bahía Lapataia, el punto más austral en el que hemos estado. De ahí caminamos por la senda costera, donde encontramos varios pájaros carpinteros.

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Ya de vuelta a Ushuaia fuimos a comer Centolla y Abadejo, típico del lugar. Teníamos muchas ganas de comer pescado, los argentinos son muy carnívoros. La verdad que fue una decisión acertada ya que todo estaba riquísimo.

Por último nos faltaba por ver el Glaciar Martial, pero cuando quisimos ir se puso a llover así que la mañana la pasamos en casa relajados y por la tarde fuimos a comer unas milanesas y de ahí a tomar un cafe con pastelazos en un restaurante muy famoso del lugar, El General Ramos. La mousse de 3 chocolates estaba deliciosa.

Con la mochila preparada, Mario y Cecilia nos acompañaron hasta la salida de la ciudad y ahí nos pusimos a hacer dedo. El primer coche nos llevó hasta Tolhuin y al rato otro a Rio Grande. Había paro de transportistas en Argentina y casi no había coches en la ruta por lo que nos tocó llamar de nuevo a David y pasamos la noche con él. Eternamente agradecidos.

A la mañana siguiente, paró de llover a eso de las 10 am, fue entonces cuando nos fuimos de nuevo a la ruta. Punta Arenas nos esperaba.

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