Bangkok

Dejamos atrás las paradisiáticas islas del sur de Tailandia y llegamos a su capital. Cuando quisimos llegar ya era de noche, Zata, que ya había llegado a Bangkok nos había recomendado su hostal pero no se acordaba del nombre así que quedamos con él en la bulliciosa calle de Khao San Road. Junto a Pablo nos dirigimos a su hostal pero, al llegar allí, el recepcionista nos quería cobrar más porque no habíamos reservado por Internet así que nos pasamos al hostal de al lado, más barato pero de peor calidad.

Esa misma noche fuimos a cenar y quedamos con unos chicos españoles que Zata había conocido en Phuket, bebimos varías cervezas, charlamos y echamos unos bailes en los locales de Khao San Road, repleta de extranjeros y puestecitos. Hablando con uno de los españoles nos comentó que trabajaba en el mundo de la hostelería en el mercado asiático y hablamos sobre las infrahumanas condiciones laborales que tienen los nacidos en Asia y las buenas maneras que tienen con todos los pertenecientes a occidente.

A altas horas de la noche nos retiramos y nos fuimos a dormir. Cual fue nuestra sorpresa que a las 6am entró el recepcionista junto a un mochilero. Encendió la luz, habló como si no hubiera nadie, le colocó en su cama y salió de la habitación sin apagar la luz. El hombre en sí tenía pocas luces, no hablaba inglés y ni si quiera tailandés. De eso nos enteramos a los pocos días cuando queríamos que nos tradujese una cosa y entre palabra y palabra descubrimos que era de Myanmar, la antigua Birmania. Si esa noche entró a las 6am no fue casualidad, a la noche siguiente se puso a hacer una cama a las 5am, otro día se tumbó a las 7am y se puso a hablar por teléfono… Como veís un tipo muy peculiar.

En particular una noche y el día siguiente fue un escándalo. Hacía un calor terrible en la habitación porque el recepcionista había cortado la calefacción y la humedad era horrible. Había una tormenta tremenda. Por un momento se escucharon sonidos muy parecidos a gemidos, suspiros que parecían provenir del pasillo. Como no podía dormir en un momento me asomé a la puerta, que era de cristal, y vi pasar una sombra de hombre. Ya que el calor persistía y estaba desvelado decidí bajar las escaleras en busca del mando del aire acondicionado. Cual fue mi sorpresa al llegar a recepción cuando vi bajo la lluvia en las mesitas que había fuera del hostal a un hombre. Era alto y gordo, iba sin camiseta y con los pantalones cortos a medio caer. Estaba mezclando una botella de whisky con coca cola, podréis imaginaros su estado de embriaguez. Cojí el mando y subí de nuevo a la habitación, con el aire accionado el ambiente era mucho más agradable. De nuevo volví a escuchar los gemidos, fue cuando me volví a asomar a la escalera y era el hombre subiendo por las escaleras, sufría a cada escalón que andaba. Esa noche no volví a escucharle.

A la mañana siguiente el hombre estaba discutiendo con el recepcionista, que no se enteraba de nada, y el propietario. Nos fuimos a primera hora de la mañana y cuando volvimos por la tarde seguían discutiendo y el hombre seguía bebiendo. Por fín, llamaron a un taxi y le mandaron al aeropuerto, el pobre taxista quería huir al verlo. Básicamente le estaban invitando a irse del hostal.

Pero bueno vayamos a lo importante, ¿qué visitamos en Bangkok?

El Templo de Wat Pho. Abierto todos los días de 8:00 a 18:30. Coste 100 Baths

Conocido por albergar en su interior al Gran Buda Inclinado, que cuenta con 46 metros de largo y 15 de alto. La imagen del buda ocupa practicamente la totalidad del edificio donde se encuentra lo que unido al gran número de visitantes hace la visita un poco claustrofóbica, aunque el lugar merece la pena.

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El Palacio Real. Abierto todos los días de 8:00 a 15:30. Coste 400 Baths.

Lo forman un grupo de edificios en los que destaca el Wat Phra Kaew, donde se puede visitar el Buda de Esmeralda de tan sólo 45 centímetros de altura (casi tan gran como el Buda Inclinado).

Para entrar en las instalaciones del Palacio Real has de vestir “ropa adecuada”, si no la llevas te la proporcionaran dejando un deposito de 200 Baths que te devolverán a la salida. Es muy común escuchar a los conductores de tuk-tuk decir que el palacio está cerrado y que os llevan a otro sitio… ¡Mentira! Abre todos los días del año. Para nuestro gusto un poco caro para lo que se puede disfrutar de su interior pero creemos que es una visita obligada.

El Wat Saket o Monte Dorado. Abierto todos los días de 8:00 a 16:00. Coste 20 Baths

Se trata de un monte coronado con una estupa dorada. Al inicio de la subida encontraréis un dong, el cual según la tradición debe ser sonado tres veces antes de iniciar la ascensión. Las vistas desde lo alto son interesantes.

El Parque Lumphini

Tras visitar el Monte Dorado y pasear por ChinaTown (todas nos parecen iguales) nos fuimos a relajarnos al parque Lumphini, nos tumbamos en el césped y observamos los numerosos y enormes lagartos que se encuentran en los estanques

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El Wat Suthat. Abierto todos los días de 8:00 a 16:00. Coste 20 Baths.

Al parecer es el menos visitado por los turistas. Eso hace que la visita sea más agradable y se pueda ver de cerca a los tailandeses practicando el budismo. Como en la gran parte de los templos destaca un Gran Buda, éste del siglo XV.

Mercado Flotante Taling Chan. Sábados y domingos de 8:00 a 17:00

El menos turístico de los mercados flotantes que se encuentran alrededor de Bangkok. La mayoría de los turistas se acercan a los mercados de Amphawa (Samut SongKhram) o Damnoen Saduak, más lejanos a la capital.

Estos fueron los lugares que visitamos en nuestra primera parada en la capital tailandesa, como sabíamos que nuestro vuelo de vuelta a España salía de Bangkok decidimos dejar algo para el final.

Entre visita y visita nos acercamos a la embajada de Vietnam donde tramitamos nuestra Visa para entrar en el país. Coincidió que llegamos el viernes así que hasta el lunes no nos la dieron.

Compramos un billete de bus en una agencia que nos llevaba de Bangkok a Siem Reap. El único problema, que ya nos avisó la chica de la agencia, era la posibilidad de ser timado cerca de la frontera camboyana. Y así fue, a falta de un par de kilómetros de Camboya la furgoneta donde íbamos se detuvo en un restaurante y nos fueron llamando según habíamos comprado el billete. Nosotros fuimos sólos, eramos los penúltimos de nuestra furgo, cual fue nuestra sorpresa al ver a casi todos haciendo el visado allí. Nos llevaron a una sala donde se encontraba un hombre que decía trabajar para el gobierno camboyano, que era agente y que esa era la frontera… ¿una frontera en un restaurante? Nos negamos a realizar la Visa allí y pedimos que nos llevaran a la frontera y que nos dieran la pegatina para poder seguir el viaje una vez cruzada la frontera. No nos pusieron problema alguno y continuamos nuestra marcha. Cuando nos tocó pagar la Visa, el policía (real) si que nos hizo pagarle 200 Baths (6 euros) porque si, sin motivo alguno. Sin embargo en el restaurante el timo ascendía a 15 dolares americanos.

Sellamos nuestro pasaporte y nos llevaron en un autobús a una estación donde esperamos casi una hora a que llegaran el resto de los chicos que habían realizado la Visa en el restaurante. Retomamos el viaje y nos dirigimos a Siem Reap. ¡Ya estábamos en Camboya!

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