Camboya

Salvo los Templos de Angkor poco más sabíamos de Camboya antes de entrar por sus fronteras. Bien es cierto que no es el país más espectacular del Sudéste Asiático pero fue un lugar que nos encantó. Posiblemente porque nadie nos había hablado de él, por no tener grandes expectativas. Sea por lo que sea, las dos semanas que estuvimos allí fueron enriquecedoras.

La historia de Camboya es una de las más duras y el verla tan de cerca pone los pelos de punta. Es realmente una lástima que se les tenga tan olvidados. Para el que no lo tenga muy presente el genocidio, el régimen de los jémeres Rojos, liderados por Pol Pot. , que duró desde el año 1975 hasta 1979, exterminó a un tercio de la población de Camboya.

Nuestra primera parada fue Siem Reap, pero antes de eso nos vamos a la frontera donde suceden acontecimientos variopintos.

Compramos el billete de bus en Bangkok y la propia vendedora nos avisó de las posibilidad de ser timados en la frontera. La trampa consiste en que la minivan que te lleva para a un par de Kms de la frontera, en un restaurante. En la terraza del lugar te sientan y te llaman en grupos o de manera individual, según hayas comprado el billete. A nosotros nos llamaron prácticamente los últimos…cual fue nuestra sorpresa  que todos estaban haciendo el Visado allí. Entramos en una especie de despacho y nos dijeron que eso era la frontera y que el trámite del visado se hacia allí. ¿En un restaurante un visado de otro país? ¿perdón? ¿Y por 20USD más que la oficial? Le dijimos que no y la verdad es que no nos pusieron pegas y nos llevaron hasta la frontera. Hemos escuchado muchas historias negativas, como no llevarte a la frontera, no darte la pegatina para el bus a Siem Reap o como le pasó a Pablo que tuvo que ponerse de malas maneras para que le dejaran irse…ellos no son muy simpáticos que digamos cuando dices que no. Así que podemos decir que tuvimos suerte.

Al final hicimos el papeleo en la frontera, la pagamos y tuvimos que pagar 100Baths a los policías de allí por que sí…Después nos tocó esperar una hora a la gente del restaurante para seguir el viaje.

Siem Reap

Nada más llegar intentamos contactar con nuestro couch robando internet de un hotel, pero no lo conseguimos así que llamamos a Pablo a ver por donde andaba. Seguía por allí y nos fuimos a su hostal a pasar la noche. Pablo no estaba teniendo mucha suerte con su salud y estaba un poco pocho así que, mientras descansaba, nos fuimos a dar una vuelta, a intentar sacar dinero y quedamos con nuestro couch en un bar para conocernos.

Zack, nuestro couch, era un chico muy simpático, era camboyano pero se había criado en EEUU después de emigrar durante la época de los Khmers Rouges ó Jemenes Rojos y había decido volver hacía unos años para ayudar a su gente. Tomamos unas cervezas con él en un bar que se llamaba X Bar, escuchamos música en directo y jugamos al billar y al futbolín. Al irnos quedamos con él para “mudarnos” a su casa al día siguiente.

A la mañana siguiente vino Zack a buscarnos al hostal con el tuk-tuk de uno de sus amigos. Nos despedimos de Pablo, a quién no volveríamos a ver en Asia. Dejamos las cosas en su casa y nos fuimos junto con Elias, otro mochilero que se estaba quedando en su casa, a ver su pequeño proyecto en un pueblo cercano. Zack solía tener una clínica en la que ofrecía servicios gratis, hasta que la tuvo que cerrar por la llegada masiva de las ONGs que le pusieron problemas, y ahora se ha propuesto construir una escuela para enseñar inglés a niños con pocos o ningún recurso. Ya que estábamos allí y a pesar del calorazo aprovechamos para ayudarle a avanzar un poco.

Nuestro granito de arena en la escuela de Zack
Nuestro granito de arena en la escuela de Zack

Esa misma tarde nos llevó a comprar el ticket para visitar los Templos de Angkor para el día siguiente. Un lugar único de visita obligada. Fuimos a cenar y prontito a dormir que nos teníamos que levantar para ver el amanecer en los templos.

Nos levantamos a las 4am, agarramos las bicis que nos había dejado Zack para la ocasión y nos fuimos a los templos dando un paseo muy agradable. Al poco rato los tuk-tuks nos empezaron a adelantar llenos de turistas. Vimos el amanecer en Angkor Watt y comenzamos la ruta. La verdad es que el amanecer fue increíble y nos tocó un día con un sol radiante. Si quieres te puedes perder entre Templo y Templo y pasar días recorriéndolos. Os dejamos unas fotos que hablan más que las palabras.

Amanecer en Angkor Wat I
Amanecer en Angkor Wat I
Amanecer en Angkor Wat II
Amanecer en Angkor Wat II

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A eso de las 4pm estábamos agotados. Hacía muchísimo calor y decidimos volver a la ciudad para comer y descansar un rato. Nos reunimos con Zack por la noche y después de cenar nos volvimos a casa en bici cruzando calles ¡¡en absoluta oscuridad!! Por suerte no nos perdimos.

El tercer día lo aprovechamos para visitar un poco los alrededores de la ciudad. Zack construyó un sistema en su moto para poder montarnos los tres y nos llevó, junto con un amigo suyo, a ver una biblioteca ecológica que estaban construyendo unos amigos y en el que él también estaba colaborando. También nos acercamos a un lago cercano que, para la sorpresa de todos, ¡¡¡estaba seco!!!. De vuelta a Siem Reap paramos en el mercado, el amigo de Zack quería empezar a vender hamburguesas por las noches y empezaban ese día. La verdad es que es uno de los mercados que más nos ha impactado de Asia y que merece la pena acercarse y conocer la realidad de la zona.

Biblioteca ecológica
Biblioteca ecológica
Alrededores de Siem Reap
Alrededores de Siem Reap
Mercado
Mercado
Típica gasolinera asiática
Típica gasolinera asiática

Nuestro último día lo aprovechamos para descansar un poco, nos levantamos tarde, dimos un paseo en bici, compramos el billete de bus para ir a Phnom Penh y por la noche cenamos con otra couch y nos tomamos unas cervezas con una pareja de argentinos que se iba a quedar esa noche en casa de Zack.

El día que nos íbamos Zack fue muy amable y quedó con un amigo suyo para que nos viniera a buscar a las 6am y nos llevara a la la agencia de viajes donde salía el bus. Tras unas cuantas horas y transbordos, ¡llegamos a Phnom Penh!

Phnom Penh

Llegamos a Phnom Penh, la capital camboyana, al medio día. Allí teníamos que buscar un hostal y Pablo nos había recomendado uno bueno, bonito y barato. Teníamos el número de la calle así que si las callen son numeradas uno espera que sigan una lógica…este no es el caso de Phnom Penh así que nos tocó caminar un rato hasta que al final nos metimos en un hotel para conseguir un mapa y que nos explicaran donde estaba porque nadie de toda la gente que paramos tenía ni idea de donde estaba la calle 222.

Phnom Penh es como toda gran ciudad en Asia, muchas motos y coches, un caos, ruido y un poco gris pero tiene su cosa.

Llegamos al hotel, descansamos un rato y salimos a conocer un poco la ciudad.

Al día siguiente lo primero que hicimos fue cambiarnos al hostal de al lado que era igual pero un poco más barato y fuimos a ver el museo Toul Sleng o S-21 del genocidio camboyano. Una de las visitas más duras de la capital de la que salimos impactados. El museo era un instituto que fue reconvertido por los Khmers Rouges en una prisión: la prisión S-21. Un lugar en el que fueron interrogados, torturados y asesinados más de 20.000 personas.

Entrada a uno de los edificios del S-21
Entrada a uno de los edificios del S-21
Pasillos del S-21
Pasillos del S-21
Una de las salas donde los torturaban
Una de las salas donde los torturaban

Esa tarde conocimos a Laura, una alemana que iba a hacer nuestro viaje pero en el otro sentido, de Asia a América. Nos comentó que había partido de fútbol al día siguiente, Camboya-Afganistan, y quedamos para ir al estadio con ella.

Por la mañana fuimos a ver el Palacio Real pero estaba cerrado hasta las 2pm así que decidimos volver por la tarde y cambiamos de planes. Íbamos a ir a alquilar una moto para ir hasta el Killing Fields pero se nos acercó un tuk-tuk y conseguimos que nos llevara por solo 7USD así que ahí que nos fuimos. Otra de las duras visitas de esta ciudad que te deja pensando como algo así ha podido suceder y el resto del mundo lo ha ocultado tanto tiempo. Increíble.

Interior del Palacio Real
Interior del Palacio Real
Monumento a los caídos en el Killing Field
Monumento a los caídos en el Killing Field

De vuelta paramos a comprar la entrada para el partido y volvimos al hostal a descansar un rato. Nos encontramos con Laura, dos amigos suyos y otro chico Irlandes que también iba al partido y nos fuimos juntos. ¡¡¡Estaba llenísimo!!!! Más que el aforo completo, fue más divertido antes y después, cuando cantaban, que el partido en sí. Los pobres no son muy buenos que digamos…

partido Camboya

Nuestro último día en la capital diluvió así que nos quedamos vagueando en el hostal y apenas salimos para comprar el billete de bus para Sihanoukville y visitar el mercado de noche.

Sihanoukville & Koh Rong Samloem

A la mañana siguiente nos dirigimos a la costa camboyana donde disfrutamos de la playa en Sihanoukville, comimos unas sepias y nos fuimos directos al paraíso de Koh Rong Samloem.

Casi todo el mundo se va a Koh Rong, una isla más de fiesta y turística y hace una visita en barco por Koh Rong Samloem así que como nos apetecía un poco de paz y menos turistas nos fuimos directos. Tomamos un ferry y en apenas 1h estábamos allí. La paz que se respira nada más llegar es increíble. Encontramos un lugar a buen precio en primera línea de playa, una habitación compartida abierta, cada cama con su mosquitera, una maravilla. Cuando se terminaban los ferries nos quedábamos apenas 30 personas en la isla.

De las dos noches que estuvimos allí, uno de los días apareció un barco de fiesta lleno de Vietnamitas que rompieron la paz cantando con su karaoke particular para toda la playa y llenándola de cervezas. Durante ese rato aprovechamos para cruzar al otro lado de la isla atravesando “la selva”, una playa con más oleaje pero también vacía. En el camino nos cayó una fuerte lluvia pero fue como bañarse en el mar ya que íbamos con el bañador y la temperatura era perfecta.

Atardecer en el paraíso
Atardecer en el paraíso
Con la marea baja
Con la marea baja

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Si no hubiera sido porque no hay cajeros y necesitábamos más efectivo nos habríamos quedado allí una semana entera…un paraíso que esperamos que siga así muchos años.

Volvimos a Sihanoukville y directamente tomamos una minivan a Kep, la ciudad más cercana a la frontera vietnamita, llegamos un poco tarde así que tuvimos que hacer noche. Nos levantamos pronto e intentamos hacer dedo hasta la frontera pero estaba lloviendo y con los consejos de un par de “guiris” que vivían allí decidimos tomar un bus que nos llevara directamente hasta Ho Chi Min.

Nos despedimos de Camboya tras dos semanas intensas de viaje, en las que conocimos su historia, disfrutamos de su gente, visitamos lugares únicos como los templos de Angkor y encontramos el paraíso en sus playas.

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