MYANMAR, Parte II

BAGAN

Llegamos a Bagan y todavía era de noche. Antes de bajar del bus ya había como 50 taxistas conglomerados en la puerta del autobús esperando a que bajáramos, la estación está a las afueras por lo que esa era la única forma de ir al centro. Al bajar dos de ellos incluso se pegaron por la disputa de llevarse a varios turistas.

Nos juntamos a un grupito y tomamos un taxi. Paramos a pagar la entrada a Bagan y buscamos alojamiento. El taxista nos llevó a varios hostales ya que la idea principal era quedarnos todos en el mismo pero las preferencias de cada uno eran diferentes por lo que nos dividimos en dos.

Después de unas horas de descanso, nos levantamos y alquilamos un moto eléctrica para ir a visitar los templos. Hay miles y te puedes estar días y días. La verdad es que nos gustó mucho, sobretodo el amanecer y el atardecer. Os dejamos unas fotos que hablan por si solas.

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Niños jugando al futbol en Bagan

Dejamos Bagan y nos fuimos a la antigua capital de Myanmar, Mandalay. La capital en si no tiene mucho que ver excepto el Palacio, todo lo interesante está a las afueras. Como aún teníamos unos días para estar en el país decidimos ir a un pueblo cercano llamado Hsipaw, habíamos leído sobre él y nos apetecía ir así que decidimos acercarnos y dejar Mandalay para más tarde.

HSIPAW

Hsipaw es un pueblo muy tranquilo, perfecto para hacer trekkings y tener unos días de relax a escasos 200Km al nordeste de Mandalay. Además no hay casi turistas por lo que te sientes sumergido en la cultura Birmana. A nosotros nos encantó. Llegamos en bus y ya era de noche así que salimos a cenar y a dormir.

Durante los dos días que estuvimos en Hsipaw visitamos “Little Bagan”, el nombre lo dice todo, es Little Little, sumergido entre muchos árboles, es como adentrase un poco en la selva. Pequeño pero tiene su encanto. Paseamos por el pueblo con calma, vimos algún templo, a niños jugando por la calle, subimos a ver el atardecer a la Sunset mountain, hicimos algún trekking por los alrededores y visitamos el Palacio Shan, en el que nos recibió la Señora Fern, esposa del Señor Donald (Sao Oo Kya), sobrino del principe de Hsipaw y nos contó la historia de la casa y de los Shan.

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Little Bagan
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Vistas desde la Sunset Hill
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Palacio Shan con la Sra. Fern
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Trekking por los alrededores

Como dato curioso os contaremos que debido a las lluvias que había habido en los últimos días el puente principal se había derrumbado y lo habían arreglado temporalmente. Parecía seguro hasta que vimos el “arreglo temporal”. Os dejamos una foto.

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Puente de Hsipaw con el arreglo temporal tras la riada

Salimos de Hsipaw hacia Mandalay. Tomamos un tren de Hsipaw a Pyin U Lwin ya que durante el trayecto se pasaba por el acueducto de Goteik. Antes de salir conocimos a un grupo de españoles que también iban en el tren pero en clase alta así que no nos sentamos con ellos. Durante el viaje fuimos una atracción para uno de los pasajeros que teníamos sentados al lado ya que no paró de querer hacerse fotos con nosotros y de enseñarnos postales de templos y hablarnos a pesar de que no entendiéramos nada…podríamos decir que estaba entre borracho y colocado por las hojas de paan que mascan constantemente.

Al llegar a Pyin U Lwin tenÍamos que tomar un tuk tuk hasta Mandalay, nos juntamos a los españoles y queríamos ir todos en uno, el único problema fue que el conductor iba tan fino como nuestro compañero de viaje así que nos negamos a montarnos. Unos cuantos se fueron en un coche y nosotros con cuatro de los españoles en el tuk tuk medio tumbados ya que iba llenito de cosas. Fue un viaje interesante, aprovechamos para compartir experiencias y lo pasamos bien. Además nos dejó en la puerta del hostal.

MANDALAY

Volvimos a Mandalay y alquilamos una moto para visitar los alrededores.

Visitamos el templo de las serpientes en Paleik, donde las sacan y las bañan en unas bañeras gigantes mientras les echan dinero y se hacen fotos con ellos. De ahi pusimos rumbo a Inwa, mucha gente nos dijo que había que cruzar en barco pero nosotros encontramos la manera de llegar sin necesidad de cruzar con el ferry. Al llegar a Inwa había que pagar para ver los templos y la verdad…no nos apetecía mucho, ya habíamos visto bastantes así que nos paseamos un poco por la zona, llevando a los turistas en coches de caballos.

Terminada la visita a Inwa pusimos rumbo Sagang, subimos a lo alto de la colina donde visitamos un par de templos desde los que se podía ver toda la ciudad. Salimos de Sagang camino Amarapura, nuestra última parada, para ver el puente de U Being, el puente de teca más largo del mundo con 1200 metros.

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Puente U Being
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Hojas de mascar de paan

Nuestros dos últimos día en Birmania nos lo tomamos de descanso y lo único que hicimos fue subimos a ver la Mandalay Hill a casi 250 metros de altura. Hay que subir descalzo y se tarda aproximadamente unos 40 min, son todo escaleras en las que vas parando en los diferentes niveles. Hay muchos feligreses y paisanos vendiendo cosas por lo que es entretenido. Al llegar arriba puedes disfrutar de las vistas de toda la ciudad, es curioso ver la cantidad de vegetación que tiene ya que desde abajo apenas se aprecia.

Nos despedimos de Myanmar y tomamos un vuelo a nuestro último destino del viaje antes de volver a casa, BANGKOK.

MYANMAR, Parte I

Llegamos a Yangón de noche. La estación de buses es muy grande y nos perdimos dando vueltas para salir hasta que nos dimos cuenta de que la policía nos perseguía.

Estábamos buscando un hostal que habíamos encontrado cerca y se empeñaron en que cogiéramos un taxi hasta allí, nosotros no queríamos pagarlo y como nos vieron muy cabezotas terminaron pagándolo ellos y siguiendo al taxi hasta que nos dejo en el hostal, (el más caro de la historia!).

A la mañana siguiente nos levantamos y nos fuimos al centro a buscar algo más económico, encontramos uno que estaba bastante bien, dejamos las cosas, descansamos un poco y nos fuimos a descubrir la ciudad. Yangón tiene varias Pagodas que ver pero para nosotros es más una ciudad de caminar y descubrir ya que ves de todo y el choque cultural es bastante grande.

Una de las noches tuvimos la suerte de coincidir con dos amigos, Carlos y Francesc que nos invitaron a cenar en un sitio riquísimo!!

BAGO

Después de unos días en Yangón buscamos nuestro próximo destino. Leímos que había un templo en el que se  venera a una serpiente de más de 100 años en una ciudad cerca de Yangon y decidimos parar de camino a Inle lake. Buscamos un sitio para alquilar una bici y dejar las mochilas y nos fuimos a visitar el pueblo.

La serpiente era realmente gigante pero nos gustó más el pueblo en general, a pesar de que a primeras no llame mucho la atención. Tan pronto te encontrabas un cerdo por la calle como a unos niños jugando en el barro o millones de personas en la calle principal.

Fuimos a mirar buses para ir a Inle lake y después a ver el Buda gigante, nos llevamos el susto tras ver que habíamos perdido el petate ¡¡con todas nuestras cosas!!! Pasaporte, móvil, tablet, cartera… Manu cogió la bici corriendo y yo, fui detrás como pude, ya que se me había caído un pedal y se iba saliendo todo el rato. Finalmente estaba donde habíamos mirado el billete, el hombre nos lo había guardado. Fueron 10 minutos pero como podéis imaginar el ataque fue MUY GRANDE.

 

INLE LAKE

Salimos de Bago de noche. Tomamos un tren que nos llevaría a Inle lake, el mas barato, en hard seat. Un viaje interminable de unas 12 horas con mujeres vendiendo comida constantemente y con unos compañeros de asiento borrachos muy interesados en nosotros y en escupir y lanzar los restos de comida por la ventana. Finalmente llegamos a nuestro destino y aun nos quedaba tomar una mini-van y un tuk tuk hasta Nyaung Shwe, el punto turístico del lago.

Al llegar buscamos un alojamiento y descansamos un rato, estábamos muertos después del viaje. Ya por la tarde salimos a mirar que opciones había para visitar el lago. Realizan tours de un día en una barquita de hasta 4 personas, puedes arreglarlo directamente con el barquero. El precio es cerrado independientemente de si van 2, 3 o 4 personas, intentamos buscar una pareja para hacer el tour pero no encontramos así que finalmente decidimos hacerla solos.

Al día siguiente madrugamos y fuimos al embarcadero, allí estaba esperando nuestro balsero que nos llevó a desayunar al bar donde desayunan todos ellos, muy típico, y nos pusimos rumbo al lago.

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Casas del lago Inle

En la primera parte del recorrido pasamos por varios puntos de pesca, donde puedes ver su particular forma de pescar, casi acrobática única de esta zona. Lo malo es que predominan los interesados que sólo buscan la foto y una vez hecha se acercan y te piden dinero.

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Pescador de la actualidad
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Pescador tradicional

Visitamos uno de los mercados, cambian de lugar cada 5 días, cambiando de ciudad en ciudad y navegamos por los diferentes pueblos que se encuentran en el lago.Visitamos el templo el Phaung Daw Oo Paya, con las famosas cinco figuras de Buda que veneran los feligreses y a las que cubren con pequeños trozos de pan de oro. De tanto hacerlo en vez de estatuas de Buda parecen bolitas.

A parte de esto el tour se basa en visitar tiendas donde venden plata, madera, telas, cuchillos o cualquier cosa hecha a mano. En alguna de ellas están las mujeres de cuello largo, intentando atraer a los turistas para hacerse fotos y que les compres algo. Por último, visitamos el monasterio de los gatos saltarines pero no los vimos saltar, estaban en modo off. De vuelta navegamos junto a unos jardines flotantes donde se cultivan verduras y hortalizas en pequeñas islas.

Volvimos a Nyaung Shwe, nos despedimos de nuestro barquero y nos tomamos la tarde de relax.

Al día siguiente decidimos hacer un trekking y conocer los alrededores, visitamos un par de pueblos muy tranquilos y muy interesantes en el que podías ver a las mujeres pasar por los canales con sus barquitas.

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Esa misma noche tomamos un bus nocturno hasta Bagan!

Norte de Tailandia

Dejamos atrás Laos junto con el grupo de franceses que habíamos conocido en los últimos días. Cruzamos la frontera y fuimos directos a Chiang Ray, una ciudad en la que destaca el Templo Blanco, sin duda una edificación espectacular que, en aquel momento, seguía en construcción y que llamó nuestra atención por ser un templo que refleja la actualidad, tanto en el exterior como en el interior.Las pinturas que decoran sus paredes muestran escenas de superheroes, películas y políticos de hoy en día. En lo que respecta al tempo y su decoración por fuera es tan espectacular como la parte interior. Este tempo rompe con el resto y es sin duda es una visita obligada.

Visitamos Chiang Ray un par de días y nos dispusimos a visitar el Norte. Margot nos habló de Mae Salong, un pueblo con una gran influencia china debido a su proximidad a la frontera y queríamos ir a verlo, en el camino pensamos parar en un poblado cercano donde viven las mujeres de cuello largo pero diluviaba y abortamos el plan. Nos montamos en un tuk tuk para ir al siguiente pueblo y, para nuestra sorpresa, ¡compartimos viaje con una mujer de cuello largo! es tremendo el peso que tienen que soportar y sus miradas lo dicen todo.

El viaje a Mae Salong fue muy divertido, tras el tuk tuk tomamos un bus hasta una intersección donde teníamos que coger otro tuk tuk que nos llevaría hasta el pueblo. Al llegar allí el conductor estaba considerablemente borracho y no nos quería llevar si no éramos mínimo 6 ó 7 personas, por lo que ni sabíamos cuanto tiempo nos iba a tocar esperar así que…volvimos a nuestros orígenes de autoestopistas y nos pusimos manos a la obra, el conductor se reía hasta que una familia muy simpática que había ido a montar un puesto de sushi al negocio de enfrente se ofreció a llevarnos en su camioneta, en la parte de atrás. Había llegado otro hombre con maletín y traje que se apuntó también. El conductor del tuk tuk se puso como una fiera y comenzó a pelear (verbalmente) con la familia, no entendíamos nada pero terminaron llevándonos.Y menos mal porque ¡vaya cuestas y vaya curvas! Nos dieron agua y lichis para el camino. Cuando llegamos a Mae Salong nos pidieron una foto de recuerdo.

Mae Salong nos encantó, estuvimos dos días en un hostal super barato (3€ la noche). Se caracteriza por la cantidad de plantaciones de té que antiguamente eran de opio. Hicimos un par de trekkings viendo los campos de té, visitamos una fábrica, unos pueblos de alrededor y jugamos con los niños. Es realmente como nos explicó Margot, lleno de restaurantes chinos, comercios con especialidades chinas y carteles en chino.

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Campos de té
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Jugando con los niños en Mae Salong

Seguíamos en época de lluvias y el día que nos íbamos cayó un diluvio. Fuimos en tuk tuk hasta Chian Mai.

Una vez allí nos despedimos de Margot y Pablo ya que habíamos encontrado couchsurfing. Nos quedamos en casa de Sam. Había nacido en Tailandia pero se exilió a Estados Unidos cuando era un adolescente y ahora, que se había prejubilado, había decidido volver a su país, aunque no lo vimos muy convencido. Vivía a las afueras de la ciudad en una casa como metida en un bosque. Hizo dos viajes en moto para llevarnos y al día siguiente alquilamos una moto para visitar la ciudad. Sólo nos quedamos un par de noches y una de ellas nos cocinó un plato muy rico y picante y hablamos largo y tendido de la vida en Tailandia y sus diferencias con EEUU.

Chiang Mai no nos llamó especialmente la atención, millones de templos algunos muy bonitos y otros no tanto…

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Manu y Sam en Chiang Mai
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Uno de los Templos de Chiang Mai

Nos despedimos de Sam y pusimos rumbo a Pai. Un lugar turístico total. Allí nos reencontramos con Margot y Pablo y el grupo de franceses que habíamos dejado atrás. Alquilamos una moto e hicimos la ruta circular típica; visitamos la Cascada Mo Paeng, el puente japonés y el Cañon de Pai, en el que vivimos uno de los momentos más estresantes del viaje. Manu estaba haciendo una bonita foto cuando se le cayó el móvil montaña abajo, hay que recordar que el pobre ya ha perdido un par de cosas (de las que ya no se habla) durante el viaje, el móvil no era importante pero lo que había dentro si así que, sin pensárselo mucho prácticamente se lanzó pendiente abajo en chanclas y después descalzo, pudo ver que no podía recuperarlo y al intentar ayudarlo a  subir perdió una chancla y casi se va hasta el fondo. Por suerte apareció un “salvador”, un israelita que parecía experto y bajó con dificultad hasta abajo a buscar el móvil y la chancla perdida.

Lo más típico en esta zona es hacer lo que llaman el “loop” Chiang Mai-Pai-Mae Hong Son, nosotros no lo vimos claro, son bastantes curvas, cuestas y era época de lluvias. Margot había encontrado unas cuevas cercas de Pai así que hicimos dedo hasta llegar a Sopong, un pueblo cuya calle principal es la carretera y en 15 min lo has visto todo. Llegamos de noche, cenamos y unos fuimos a dormir. Al día siguiente cuando salimos para ir a las cuevas nos encontramos con una especie de procesión, iban con instrumentos, bailando y una especie de palmeras hechas con billetes. Nos unimos a ellos y fuimos hasta el templo. Estaban recaudando dinero para construir uno nuevo al lado, nos invitaron a comer e incluso nos hicieron bailar con ellos alrededor del templo tal y como indica el ritual, fue muy divertido, todos nos hablaban y nos indicaban cosas.

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Procesión de Sopong
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Bailando con los locales

Fuimos a ver las cuevas, bonitas pero nada impactante después de haber visto las de Vietnam, volvimos de nuevo a dedo hasta Pai y después de esperar un rato conseguimos que nos llevaran a Chiang Mai, sin duda el día nos salió redondo.

Al día siguiente nos despedimos de Margot y Pablo, ellos terminaban su viaje en Bangkok y nosotros nos quedamos un par de días más con Laura y Miki en Chiang Mai, unos amigos de Isa que estaban de viaje en Tailandia. Aprovechamos para que Manu fuera a una peluquería típica, vimos los alrededores de la ciudad en moto y fuimos a un combate de Muai Thai.

Nos despedimos de Laura y Miki y tomamos una minivan llena hasta arriba hasta Sukhothai, la primera capital de Tailandia. Lo importante de Sukhothai es la parte antigua, donde están todas las ruinas de los diferentes templos. Nos hizo un día super caluroso y lo visitamos en bici. Nos tomamos un día de descanso en Sukothai y continuamos el viaje hacia Myanmar.

 

Laos

Para llegar a Laos tomamos un autobús de 24 horas, un día horrible, en la parte trasera del autobús, junto al baño, un asiento roto dando botes. Peor que la montaña rusa…pero llegamos sanos y salvos a Vientiane, la capital de Laos.

Es sin duda la capital más tranquila en la que hemos estado, tramitamos la visa para Myanmar, visitamos la ciudad en bici y nos dimos un par de gustos culinarios.

Laos fue un país que nos encantó, los paisajes son increíbles, verdes de diferentes tonalidades, silenciosos, con hostales justo al lado del río. Un lugar muy recomendable.

Visitamos Vang Vieng, la ciudad de los jóvenes donde muchos se lanzan al río en tubbing y los camareros de las bares en la villa le lanzan el lazo para que beban. Era conocida como la ciudad de la fiesta y las drogas, actualmente sigue con la imagen de fiestera. 

Es una ciudad donde tienes que probar los bocatas callejeros y donde los bares ponen capítulos de “Friends” sin parar. Todo eso junto a la “Beer Lao“, que nunca falta. Allí coincidimos con unos amigos israelitas que habíamos conocido en Dalat (Vietnam) y visitamos la Blue Lagoon, llena de turistas. Nos cayó un diluvio y eso nos llevó a disfrutar de uno de los mejores momentos del viaje, jugar en el barro con un grupo de niños. 

Llegamos a la ciudad más conocida de Laos. Luang Prabang destacable por sus templos, su Palacio Real y las vistas desde el cerro Pho si. Mucha gente se levanta al amanecer para ver a los monjes, quienes se pasean por la calle y la gente les da comida. Nosotros nos levantamos, no les dimos comida, y con el paso de los días vimos a cientos de monjes hacer lo mismo a diferentes horas en Laos, Tailandia y Myanmar.

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Vista desde el cerro
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Cascada de Kuang Si

Dejamos Luang Prabang y nos fuimos al norte del país, naturaleza en estado puro. Visitamos varios pueblecitos. Como estábamos en la época del Monzón, diluviaba y paraba así que estaba todo bastante embarrado. Hicimos unos cuantos trekkings cuando pudimos y  descansamos. 

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Manu descansando en el hostal
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Nong Khiaw

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Calle principal
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Campos de arroz del camino
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Una amiga del camino

Nuestra última parada en Laos fue Luang Namtha, después de un viaje muy ajetreado en una furgoneta de 9 personas en carreteras de barro y esquivando un accidente de camión. Nos hicimos amigos de nuestros compis de viaje Margot y Pablo y tuvimos nuestro primer accidente de moto en Asia. Pasamos únicamente un par de días ahí antes de cruzar la frontera de nuevo a Tailandia. 

Norte de Vietnam

El Norte de Vietnam fue lo mejor del país para nosotros. Llegamos a Hanoi y nos alojamos en un Hostal céntrico y barato. Visitamos la ciudad y miramos varias opciones para visitar Halong Bay y Sapa.

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Hanoi
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Tortoise Tower, Hanoi

Finalmente nos decidimos por uno de dos días, una noche en el barco. Hay millones de ofertas de uno, dos o tres días pero al final todas te ofrecen lo mismo, la única diferencia (teóricamente) es el barco y el precio, aunque después te ponen en el que les da la gana. El viaje consiste en visitar unas cuevas, pasear por la bahía, free bar durante dos horas, paras a darte un chapuzón y a tirarte desde el barco y el último día hicimos una clase rápida de pollitos vietnamitas y un paseo en kayak.

Halong Bay es precioso pero el número de barcos y de turistas es excesivo, la cueva estaba repleta de gente y si son vietnamitas la verdad es que no se definen por ser personas silenciosas sino más bien todo lo contrario.

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Halong Bay
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Halong Bay

Volvimos de Halong Bay, descansamos un día en Hanoi y nos fuimos a pasar unos días a Sapa, tomamos un bus de noche y llegamos allí por la mañana. Fuimos a un hostal a descansar un rato y paseamos un poco por la ciudad. Al día siguiente, junto con un chico que habíamos conocido en las cuevas de Phong Nah y que estaba en nuestro hostal, alquilamos una moto y nos fuimos a ver la parte norte de la ciudad, campos de arroz y una cascada, muy bonito. Al día siguiente quedamos con dos niñas locales para hacer un trekking por las montañas, durante el camino nos explicaron alguna curiosidad pero la verdad es que no creemos que merezca tanto la pena, lo más interesante fue comer en su casa y ver como viven.

Nos llevaron de vuelta al pueblo en moto y en ese momento descubrimos lo realmente increíble de Sapa, campos y campos de arroz que formaban un increíble paisaje así que al llegar al centro nos alquilamos una moto y volvimos a verlo.

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Campos de arroz, Sapa
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Campos de arroz, Sapa

Volvimos a Hanoi y nos tomamos un par de días para descansar mientras planeamos el viaje a nuestro próximo destino, Laos. Finalmente tomamos un bus de ¡24 horas! que nos llevó a Vientiane.

Un poquito de Vietnam

Hoy os contamos como fue nuestro camino desde el sur de Vietnam hasta casi llegar al norte del país.

Cruzamos la frontera de Camboya-Vietnam por la mañana, en la frontera engañaron a casi todos con que tenían que medirse la fiebre y pagar 1$ para poder pasar, por suerte nos los sabíamos y lo evitamos. Cogimos un autobús con gente local muy simpática, nos invitaron a probar comida típica e incluso nos consiguieron un transporte gratis para que nos llevaran al alojamiento una vez que llegamos a Ho Chi Minh City. Nos quedamos en casa de Ai Linh y su familia. Fue una buena experiencia, ya que estuvimos algo apartados de la zona civilizada y, además, la familia tenía un restaurante de comida en el piso de abajo así que probamos la comida típica.

En Ho Chi Minh visitamos los túneles de Cu Chi, que utilizaban los vietnamitas en la guerra para esconderse de los norte americanos, y el museo de los Vestigios de la Guerra de Vietnam. Os dejamos una de las miles de imagen que nos marcaron.

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Tras Ho Chi Minh nos fuimos a Dalat, , una ciudad que no nos llamó mucho la atención, buenos paisajes y poco más, lo que más nos llamó la atención fue la Casa de los Locos, podríamos decir que es un estilo Gaudí más o menos, y por otra parte el café Kopi Luwak. Este café es uno de los más caros del mercado, se trata de un café que ha sido comido y defecado por una comadreja, dicho así suena un poco asqueroso la verdad… No llegamos a probarlo por las condiciones a las que tenían sometidos a los animales y también por su excesivo precio. Nos quedamos en una Guest House que estaba llena de israelitas, deglutamos durante varios días sus platos típicos y nos la pasamos bastante bien con ellos.

Lo mejor, Manu aprendió a conducir motos!!! Nos llevó unos 5 minutos aproximadamente, fue un buen alumno. Allí mismo además compartimos un rato con unos niños a los que terminamos dándoles la comida que nos habíamos comprado y unos chupa chups.

Dejamos la que dicen es la ciudad del amor en Vietnam y fuimos a Hoi An, uno de los pueblos más bonitos del país, bonitos edificios, iluminación colorida, callejuelas con historia, aunque muy masificada por el turismo. Una de las señales es que lo que seguramente era una tradición de luna llena se ha convertido en una tradición diaria, encender un farolillo, pedir un deseo y dejarlo fluir por el rio.

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Después de un par de días en Hoi An de descanso nos pusimos rumbo a Hue.

Fuimos por nuestra cuenta en autobús local y tren (hard seat, asiento de madera), el tren iba por la costa y las vistas merecían la pena, fue un poco difícil porque los locales no ayudaban pero lo conseguimos. Lo malo fue que la estación de tren estaba a casi 4km de nuestro hostal (para uno que reservamos). Nos tocó sudar para llegar.

En Hue destaca la ciudadela pero esta bastante destruida y las tumbas imperiales, 7 en total, algunas de ellas muy impresionantes.

De Hue nos fuimos a Dong Hoy también en tren y la misma historia que en Hue, nos toco andar bastante porque la estación estaba apartada de la ciudad. Aquí hicimos base para ir a las cuevas de Phong Nahm, muy chulas, entras en barquita y caminas por dentro. Os dejamos unas fotos para que veáis como son.

En la próxima entrada hablaremos del norte de Vietnam, la parte del país que más nos gustó con la vida de Hanoi, la bahía de Halong y los arrozales de Sapa.

Camboya

Salvo los Templos de Angkor poco más sabíamos de Camboya antes de entrar por sus fronteras. Bien es cierto que no es el país más espectacular del Sudéste Asiático pero fue un lugar que nos encantó. Posiblemente porque nadie nos había hablado de él, por no tener grandes expectativas. Sea por lo que sea, las dos semanas que estuvimos allí fueron enriquecedoras.

La historia de Camboya es una de las más duras y el verla tan de cerca pone los pelos de punta. Es realmente una lástima que se les tenga tan olvidados. Para el que no lo tenga muy presente el genocidio, el régimen de los jémeres Rojos, liderados por Pol Pot. , que duró desde el año 1975 hasta 1979, exterminó a un tercio de la población de Camboya.

Nuestra primera parada fue Siem Reap, pero antes de eso nos vamos a la frontera donde suceden acontecimientos variopintos.

Compramos el billete de bus en Bangkok y la propia vendedora nos avisó de las posibilidad de ser timados en la frontera. La trampa consiste en que la minivan que te lleva para a un par de Kms de la frontera, en un restaurante. En la terraza del lugar te sientan y te llaman en grupos o de manera individual, según hayas comprado el billete. A nosotros nos llamaron prácticamente los últimos…cual fue nuestra sorpresa  que todos estaban haciendo el Visado allí. Entramos en una especie de despacho y nos dijeron que eso era la frontera y que el trámite del visado se hacia allí. ¿En un restaurante un visado de otro país? ¿perdón? ¿Y por 20USD más que la oficial? Le dijimos que no y la verdad es que no nos pusieron pegas y nos llevaron hasta la frontera. Hemos escuchado muchas historias negativas, como no llevarte a la frontera, no darte la pegatina para el bus a Siem Reap o como le pasó a Pablo que tuvo que ponerse de malas maneras para que le dejaran irse…ellos no son muy simpáticos que digamos cuando dices que no. Así que podemos decir que tuvimos suerte.

Al final hicimos el papeleo en la frontera, la pagamos y tuvimos que pagar 100Baths a los policías de allí por que sí…Después nos tocó esperar una hora a la gente del restaurante para seguir el viaje.

Siem Reap

Nada más llegar intentamos contactar con nuestro couch robando internet de un hotel, pero no lo conseguimos así que llamamos a Pablo a ver por donde andaba. Seguía por allí y nos fuimos a su hostal a pasar la noche. Pablo no estaba teniendo mucha suerte con su salud y estaba un poco pocho así que, mientras descansaba, nos fuimos a dar una vuelta, a intentar sacar dinero y quedamos con nuestro couch en un bar para conocernos.

Zack, nuestro couch, era un chico muy simpático, era camboyano pero se había criado en EEUU después de emigrar durante la época de los Khmers Rouges ó Jemenes Rojos y había decido volver hacía unos años para ayudar a su gente. Tomamos unas cervezas con él en un bar que se llamaba X Bar, escuchamos música en directo y jugamos al billar y al futbolín. Al irnos quedamos con él para “mudarnos” a su casa al día siguiente.

A la mañana siguiente vino Zack a buscarnos al hostal con el tuk-tuk de uno de sus amigos. Nos despedimos de Pablo, a quién no volveríamos a ver en Asia. Dejamos las cosas en su casa y nos fuimos junto con Elias, otro mochilero que se estaba quedando en su casa, a ver su pequeño proyecto en un pueblo cercano. Zack solía tener una clínica en la que ofrecía servicios gratis, hasta que la tuvo que cerrar por la llegada masiva de las ONGs que le pusieron problemas, y ahora se ha propuesto construir una escuela para enseñar inglés a niños con pocos o ningún recurso. Ya que estábamos allí y a pesar del calorazo aprovechamos para ayudarle a avanzar un poco.

Nuestro granito de arena en la escuela de Zack
Nuestro granito de arena en la escuela de Zack

Esa misma tarde nos llevó a comprar el ticket para visitar los Templos de Angkor para el día siguiente. Un lugar único de visita obligada. Fuimos a cenar y prontito a dormir que nos teníamos que levantar para ver el amanecer en los templos.

Nos levantamos a las 4am, agarramos las bicis que nos había dejado Zack para la ocasión y nos fuimos a los templos dando un paseo muy agradable. Al poco rato los tuk-tuks nos empezaron a adelantar llenos de turistas. Vimos el amanecer en Angkor Watt y comenzamos la ruta. La verdad es que el amanecer fue increíble y nos tocó un día con un sol radiante. Si quieres te puedes perder entre Templo y Templo y pasar días recorriéndolos. Os dejamos unas fotos que hablan más que las palabras.

Amanecer en Angkor Wat I
Amanecer en Angkor Wat I
Amanecer en Angkor Wat II
Amanecer en Angkor Wat II

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A eso de las 4pm estábamos agotados. Hacía muchísimo calor y decidimos volver a la ciudad para comer y descansar un rato. Nos reunimos con Zack por la noche y después de cenar nos volvimos a casa en bici cruzando calles ¡¡en absoluta oscuridad!! Por suerte no nos perdimos.

El tercer día lo aprovechamos para visitar un poco los alrededores de la ciudad. Zack construyó un sistema en su moto para poder montarnos los tres y nos llevó, junto con un amigo suyo, a ver una biblioteca ecológica que estaban construyendo unos amigos y en el que él también estaba colaborando. También nos acercamos a un lago cercano que, para la sorpresa de todos, ¡¡¡estaba seco!!!. De vuelta a Siem Reap paramos en el mercado, el amigo de Zack quería empezar a vender hamburguesas por las noches y empezaban ese día. La verdad es que es uno de los mercados que más nos ha impactado de Asia y que merece la pena acercarse y conocer la realidad de la zona.

Biblioteca ecológica
Biblioteca ecológica
Alrededores de Siem Reap
Alrededores de Siem Reap
Mercado
Mercado
Típica gasolinera asiática
Típica gasolinera asiática

Nuestro último día lo aprovechamos para descansar un poco, nos levantamos tarde, dimos un paseo en bici, compramos el billete de bus para ir a Phnom Penh y por la noche cenamos con otra couch y nos tomamos unas cervezas con una pareja de argentinos que se iba a quedar esa noche en casa de Zack.

El día que nos íbamos Zack fue muy amable y quedó con un amigo suyo para que nos viniera a buscar a las 6am y nos llevara a la la agencia de viajes donde salía el bus. Tras unas cuantas horas y transbordos, ¡llegamos a Phnom Penh!

Phnom Penh

Llegamos a Phnom Penh, la capital camboyana, al medio día. Allí teníamos que buscar un hostal y Pablo nos había recomendado uno bueno, bonito y barato. Teníamos el número de la calle así que si las callen son numeradas uno espera que sigan una lógica…este no es el caso de Phnom Penh así que nos tocó caminar un rato hasta que al final nos metimos en un hotel para conseguir un mapa y que nos explicaran donde estaba porque nadie de toda la gente que paramos tenía ni idea de donde estaba la calle 222.

Phnom Penh es como toda gran ciudad en Asia, muchas motos y coches, un caos, ruido y un poco gris pero tiene su cosa.

Llegamos al hotel, descansamos un rato y salimos a conocer un poco la ciudad.

Al día siguiente lo primero que hicimos fue cambiarnos al hostal de al lado que era igual pero un poco más barato y fuimos a ver el museo Toul Sleng o S-21 del genocidio camboyano. Una de las visitas más duras de la capital de la que salimos impactados. El museo era un instituto que fue reconvertido por los Khmers Rouges en una prisión: la prisión S-21. Un lugar en el que fueron interrogados, torturados y asesinados más de 20.000 personas.

Entrada a uno de los edificios del S-21
Entrada a uno de los edificios del S-21
Pasillos del S-21
Pasillos del S-21
Una de las salas donde los torturaban
Una de las salas donde los torturaban

Esa tarde conocimos a Laura, una alemana que iba a hacer nuestro viaje pero en el otro sentido, de Asia a América. Nos comentó que había partido de fútbol al día siguiente, Camboya-Afganistan, y quedamos para ir al estadio con ella.

Por la mañana fuimos a ver el Palacio Real pero estaba cerrado hasta las 2pm así que decidimos volver por la tarde y cambiamos de planes. Íbamos a ir a alquilar una moto para ir hasta el Killing Fields pero se nos acercó un tuk-tuk y conseguimos que nos llevara por solo 7USD así que ahí que nos fuimos. Otra de las duras visitas de esta ciudad que te deja pensando como algo así ha podido suceder y el resto del mundo lo ha ocultado tanto tiempo. Increíble.

Interior del Palacio Real
Interior del Palacio Real
Monumento a los caídos en el Killing Field
Monumento a los caídos en el Killing Field

De vuelta paramos a comprar la entrada para el partido y volvimos al hostal a descansar un rato. Nos encontramos con Laura, dos amigos suyos y otro chico Irlandes que también iba al partido y nos fuimos juntos. ¡¡¡Estaba llenísimo!!!! Más que el aforo completo, fue más divertido antes y después, cuando cantaban, que el partido en sí. Los pobres no son muy buenos que digamos…

partido Camboya

Nuestro último día en la capital diluvió así que nos quedamos vagueando en el hostal y apenas salimos para comprar el billete de bus para Sihanoukville y visitar el mercado de noche.

Sihanoukville & Koh Rong Samloem

A la mañana siguiente nos dirigimos a la costa camboyana donde disfrutamos de la playa en Sihanoukville, comimos unas sepias y nos fuimos directos al paraíso de Koh Rong Samloem.

Casi todo el mundo se va a Koh Rong, una isla más de fiesta y turística y hace una visita en barco por Koh Rong Samloem así que como nos apetecía un poco de paz y menos turistas nos fuimos directos. Tomamos un ferry y en apenas 1h estábamos allí. La paz que se respira nada más llegar es increíble. Encontramos un lugar a buen precio en primera línea de playa, una habitación compartida abierta, cada cama con su mosquitera, una maravilla. Cuando se terminaban los ferries nos quedábamos apenas 30 personas en la isla.

De las dos noches que estuvimos allí, uno de los días apareció un barco de fiesta lleno de Vietnamitas que rompieron la paz cantando con su karaoke particular para toda la playa y llenándola de cervezas. Durante ese rato aprovechamos para cruzar al otro lado de la isla atravesando “la selva”, una playa con más oleaje pero también vacía. En el camino nos cayó una fuerte lluvia pero fue como bañarse en el mar ya que íbamos con el bañador y la temperatura era perfecta.

Atardecer en el paraíso
Atardecer en el paraíso
Con la marea baja
Con la marea baja

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Si no hubiera sido porque no hay cajeros y necesitábamos más efectivo nos habríamos quedado allí una semana entera…un paraíso que esperamos que siga así muchos años.

Volvimos a Sihanoukville y directamente tomamos una minivan a Kep, la ciudad más cercana a la frontera vietnamita, llegamos un poco tarde así que tuvimos que hacer noche. Nos levantamos pronto e intentamos hacer dedo hasta la frontera pero estaba lloviendo y con los consejos de un par de “guiris” que vivían allí decidimos tomar un bus que nos llevara directamente hasta Ho Chi Min.

Nos despedimos de Camboya tras dos semanas intensas de viaje, en las que conocimos su historia, disfrutamos de su gente, visitamos lugares únicos como los templos de Angkor y encontramos el paraíso en sus playas.