Última parada, BANGKOK

Para la última parada del viaje decidimos darnos un lujo y nos fuimos a un hotel de 4* en Bangkok, concretamente al Tawana Bangkok Hotel del 29 Agosto al 1 de Septiembre.

Pasamos tres días de relax en los que nos dimos un par de masajes, probamos la pedicura con peces, pasamos ratos en la piscina y aprovechamos para hacer unas compras.

Parecía que nunca llegaría pero era hora de agarrar la mochila y poner rumbo de vuelta a casa después de 16 meses. Nuestro vuelo salía de noche, a las 9pm concretamente, y al ir en un vuelo low cost no estaba incluida ningún tipo de comida así que fuimos al 7-Eleven y nos compramos un par de sandwiches para cada uno y algunas otras provisiones.

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Llegamos pronto al aeropuerto así que tuvimos rato para pasear y repasar todas nuestras aventuras. Salimos de Bangkok a las 9pm con destino Estocolmo. Llegamos a las 16h y tuvimos que esperar unas 3h hasta que saliera el vuelo a Madrid, nos asustamos al ver los precios de los bocatas, imaginaros el contraste con lo baratísimo que es Tailandia.

Salimos de Estocolmo y llegamos a Madrid a las 23h. Nos quedamos a dormir en casa de las primas de Isa, volvimos justo a nuestro punto de partida ya que el día antes de comenzar esta aventura también nos acogieron en su dulce hogar. Al encontrarnos fue como si nos hubiéramos visto el día anterior a pesar de haber pasado 16 meses!!

Hablamos durante un rato, respondimos a todas sus preguntas 🙂 y nos fuimos a dormir porque estábamos muertos.

Al día siguiente, concretamente el 2 de Septiembre, salimos de casa en dirección cada uno a su casa, Salamanca y Zaragoza respectivamente. Era la primera vez en los últimos 16 meses que nos separábamos más de 6 horas.

 

Muchas gracias por acompañarnos en esta gran aventura.

Norte de Tailandia

Dejamos atrás Laos junto con el grupo de franceses que habíamos conocido en los últimos días. Cruzamos la frontera y fuimos directos a Chiang Ray, una ciudad en la que destaca el Templo Blanco, sin duda una edificación espectacular que, en aquel momento, seguía en construcción y que llamó nuestra atención por ser un templo que refleja la actualidad, tanto en el exterior como en el interior.Las pinturas que decoran sus paredes muestran escenas de superheroes, películas y políticos de hoy en día. En lo que respecta al tempo y su decoración por fuera es tan espectacular como la parte interior. Este tempo rompe con el resto y es sin duda es una visita obligada.

Visitamos Chiang Ray un par de días y nos dispusimos a visitar el Norte. Margot nos habló de Mae Salong, un pueblo con una gran influencia china debido a su proximidad a la frontera y queríamos ir a verlo, en el camino pensamos parar en un poblado cercano donde viven las mujeres de cuello largo pero diluviaba y abortamos el plan. Nos montamos en un tuk tuk para ir al siguiente pueblo y, para nuestra sorpresa, ¡compartimos viaje con una mujer de cuello largo! es tremendo el peso que tienen que soportar y sus miradas lo dicen todo.

El viaje a Mae Salong fue muy divertido, tras el tuk tuk tomamos un bus hasta una intersección donde teníamos que coger otro tuk tuk que nos llevaría hasta el pueblo. Al llegar allí el conductor estaba considerablemente borracho y no nos quería llevar si no éramos mínimo 6 ó 7 personas, por lo que ni sabíamos cuanto tiempo nos iba a tocar esperar así que…volvimos a nuestros orígenes de autoestopistas y nos pusimos manos a la obra, el conductor se reía hasta que una familia muy simpática que había ido a montar un puesto de sushi al negocio de enfrente se ofreció a llevarnos en su camioneta, en la parte de atrás. Había llegado otro hombre con maletín y traje que se apuntó también. El conductor del tuk tuk se puso como una fiera y comenzó a pelear (verbalmente) con la familia, no entendíamos nada pero terminaron llevándonos.Y menos mal porque ¡vaya cuestas y vaya curvas! Nos dieron agua y lichis para el camino. Cuando llegamos a Mae Salong nos pidieron una foto de recuerdo.

Mae Salong nos encantó, estuvimos dos días en un hostal super barato (3€ la noche). Se caracteriza por la cantidad de plantaciones de té que antiguamente eran de opio. Hicimos un par de trekkings viendo los campos de té, visitamos una fábrica, unos pueblos de alrededor y jugamos con los niños. Es realmente como nos explicó Margot, lleno de restaurantes chinos, comercios con especialidades chinas y carteles en chino.

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Campos de té
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Jugando con los niños en Mae Salong

Seguíamos en época de lluvias y el día que nos íbamos cayó un diluvio. Fuimos en tuk tuk hasta Chian Mai.

Una vez allí nos despedimos de Margot y Pablo ya que habíamos encontrado couchsurfing. Nos quedamos en casa de Sam. Había nacido en Tailandia pero se exilió a Estados Unidos cuando era un adolescente y ahora, que se había prejubilado, había decidido volver a su país, aunque no lo vimos muy convencido. Vivía a las afueras de la ciudad en una casa como metida en un bosque. Hizo dos viajes en moto para llevarnos y al día siguiente alquilamos una moto para visitar la ciudad. Sólo nos quedamos un par de noches y una de ellas nos cocinó un plato muy rico y picante y hablamos largo y tendido de la vida en Tailandia y sus diferencias con EEUU.

Chiang Mai no nos llamó especialmente la atención, millones de templos algunos muy bonitos y otros no tanto…

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Manu y Sam en Chiang Mai
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Uno de los Templos de Chiang Mai

Nos despedimos de Sam y pusimos rumbo a Pai. Un lugar turístico total. Allí nos reencontramos con Margot y Pablo y el grupo de franceses que habíamos dejado atrás. Alquilamos una moto e hicimos la ruta circular típica; visitamos la Cascada Mo Paeng, el puente japonés y el Cañon de Pai, en el que vivimos uno de los momentos más estresantes del viaje. Manu estaba haciendo una bonita foto cuando se le cayó el móvil montaña abajo, hay que recordar que el pobre ya ha perdido un par de cosas (de las que ya no se habla) durante el viaje, el móvil no era importante pero lo que había dentro si así que, sin pensárselo mucho prácticamente se lanzó pendiente abajo en chanclas y después descalzo, pudo ver que no podía recuperarlo y al intentar ayudarlo a  subir perdió una chancla y casi se va hasta el fondo. Por suerte apareció un “salvador”, un israelita que parecía experto y bajó con dificultad hasta abajo a buscar el móvil y la chancla perdida.

Lo más típico en esta zona es hacer lo que llaman el “loop” Chiang Mai-Pai-Mae Hong Son, nosotros no lo vimos claro, son bastantes curvas, cuestas y era época de lluvias. Margot había encontrado unas cuevas cercas de Pai así que hicimos dedo hasta llegar a Sopong, un pueblo cuya calle principal es la carretera y en 15 min lo has visto todo. Llegamos de noche, cenamos y unos fuimos a dormir. Al día siguiente cuando salimos para ir a las cuevas nos encontramos con una especie de procesión, iban con instrumentos, bailando y una especie de palmeras hechas con billetes. Nos unimos a ellos y fuimos hasta el templo. Estaban recaudando dinero para construir uno nuevo al lado, nos invitaron a comer e incluso nos hicieron bailar con ellos alrededor del templo tal y como indica el ritual, fue muy divertido, todos nos hablaban y nos indicaban cosas.

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Procesión de Sopong
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Bailando con los locales

Fuimos a ver las cuevas, bonitas pero nada impactante después de haber visto las de Vietnam, volvimos de nuevo a dedo hasta Pai y después de esperar un rato conseguimos que nos llevaran a Chiang Mai, sin duda el día nos salió redondo.

Al día siguiente nos despedimos de Margot y Pablo, ellos terminaban su viaje en Bangkok y nosotros nos quedamos un par de días más con Laura y Miki en Chiang Mai, unos amigos de Isa que estaban de viaje en Tailandia. Aprovechamos para que Manu fuera a una peluquería típica, vimos los alrededores de la ciudad en moto y fuimos a un combate de Muai Thai.

Nos despedimos de Laura y Miki y tomamos una minivan llena hasta arriba hasta Sukhothai, la primera capital de Tailandia. Lo importante de Sukhothai es la parte antigua, donde están todas las ruinas de los diferentes templos. Nos hizo un día super caluroso y lo visitamos en bici. Nos tomamos un día de descanso en Sukothai y continuamos el viaje hacia Myanmar.

 

Bangkok

Dejamos atrás las paradisiáticas islas del sur de Tailandia y llegamos a su capital. Cuando quisimos llegar ya era de noche, Zata, que ya había llegado a Bangkok nos había recomendado su hostal pero no se acordaba del nombre así que quedamos con él en la bulliciosa calle de Khao San Road. Junto a Pablo nos dirigimos a su hostal pero, al llegar allí, el recepcionista nos quería cobrar más porque no habíamos reservado por Internet así que nos pasamos al hostal de al lado, más barato pero de peor calidad.

Esa misma noche fuimos a cenar y quedamos con unos chicos españoles que Zata había conocido en Phuket, bebimos varías cervezas, charlamos y echamos unos bailes en los locales de Khao San Road, repleta de extranjeros y puestecitos. Hablando con uno de los españoles nos comentó que trabajaba en el mundo de la hostelería en el mercado asiático y hablamos sobre las infrahumanas condiciones laborales que tienen los nacidos en Asia y las buenas maneras que tienen con todos los pertenecientes a occidente.

A altas horas de la noche nos retiramos y nos fuimos a dormir. Cual fue nuestra sorpresa que a las 6am entró el recepcionista junto a un mochilero. Encendió la luz, habló como si no hubiera nadie, le colocó en su cama y salió de la habitación sin apagar la luz. El hombre en sí tenía pocas luces, no hablaba inglés y ni si quiera tailandés. De eso nos enteramos a los pocos días cuando queríamos que nos tradujese una cosa y entre palabra y palabra descubrimos que era de Myanmar, la antigua Birmania. Si esa noche entró a las 6am no fue casualidad, a la noche siguiente se puso a hacer una cama a las 5am, otro día se tumbó a las 7am y se puso a hablar por teléfono… Como veís un tipo muy peculiar.

En particular una noche y el día siguiente fue un escándalo. Hacía un calor terrible en la habitación porque el recepcionista había cortado la calefacción y la humedad era horrible. Había una tormenta tremenda. Por un momento se escucharon sonidos muy parecidos a gemidos, suspiros que parecían provenir del pasillo. Como no podía dormir en un momento me asomé a la puerta, que era de cristal, y vi pasar una sombra de hombre. Ya que el calor persistía y estaba desvelado decidí bajar las escaleras en busca del mando del aire acondicionado. Cual fue mi sorpresa al llegar a recepción cuando vi bajo la lluvia en las mesitas que había fuera del hostal a un hombre. Era alto y gordo, iba sin camiseta y con los pantalones cortos a medio caer. Estaba mezclando una botella de whisky con coca cola, podréis imaginaros su estado de embriaguez. Cojí el mando y subí de nuevo a la habitación, con el aire accionado el ambiente era mucho más agradable. De nuevo volví a escuchar los gemidos, fue cuando me volví a asomar a la escalera y era el hombre subiendo por las escaleras, sufría a cada escalón que andaba. Esa noche no volví a escucharle.

A la mañana siguiente el hombre estaba discutiendo con el recepcionista, que no se enteraba de nada, y el propietario. Nos fuimos a primera hora de la mañana y cuando volvimos por la tarde seguían discutiendo y el hombre seguía bebiendo. Por fín, llamaron a un taxi y le mandaron al aeropuerto, el pobre taxista quería huir al verlo. Básicamente le estaban invitando a irse del hostal.

Pero bueno vayamos a lo importante, ¿qué visitamos en Bangkok?

El Templo de Wat Pho. Abierto todos los días de 8:00 a 18:30. Coste 100 Baths

Conocido por albergar en su interior al Gran Buda Inclinado, que cuenta con 46 metros de largo y 15 de alto. La imagen del buda ocupa practicamente la totalidad del edificio donde se encuentra lo que unido al gran número de visitantes hace la visita un poco claustrofóbica, aunque el lugar merece la pena.

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El Palacio Real. Abierto todos los días de 8:00 a 15:30. Coste 400 Baths.

Lo forman un grupo de edificios en los que destaca el Wat Phra Kaew, donde se puede visitar el Buda de Esmeralda de tan sólo 45 centímetros de altura (casi tan gran como el Buda Inclinado).

Para entrar en las instalaciones del Palacio Real has de vestir “ropa adecuada”, si no la llevas te la proporcionaran dejando un deposito de 200 Baths que te devolverán a la salida. Es muy común escuchar a los conductores de tuk-tuk decir que el palacio está cerrado y que os llevan a otro sitio… ¡Mentira! Abre todos los días del año. Para nuestro gusto un poco caro para lo que se puede disfrutar de su interior pero creemos que es una visita obligada.

El Wat Saket o Monte Dorado. Abierto todos los días de 8:00 a 16:00. Coste 20 Baths

Se trata de un monte coronado con una estupa dorada. Al inicio de la subida encontraréis un dong, el cual según la tradición debe ser sonado tres veces antes de iniciar la ascensión. Las vistas desde lo alto son interesantes.

El Parque Lumphini

Tras visitar el Monte Dorado y pasear por ChinaTown (todas nos parecen iguales) nos fuimos a relajarnos al parque Lumphini, nos tumbamos en el césped y observamos los numerosos y enormes lagartos que se encuentran en los estanques

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El Wat Suthat. Abierto todos los días de 8:00 a 16:00. Coste 20 Baths.

Al parecer es el menos visitado por los turistas. Eso hace que la visita sea más agradable y se pueda ver de cerca a los tailandeses practicando el budismo. Como en la gran parte de los templos destaca un Gran Buda, éste del siglo XV.

Mercado Flotante Taling Chan. Sábados y domingos de 8:00 a 17:00

El menos turístico de los mercados flotantes que se encuentran alrededor de Bangkok. La mayoría de los turistas se acercan a los mercados de Amphawa (Samut SongKhram) o Damnoen Saduak, más lejanos a la capital.

Estos fueron los lugares que visitamos en nuestra primera parada en la capital tailandesa, como sabíamos que nuestro vuelo de vuelta a España salía de Bangkok decidimos dejar algo para el final.

Entre visita y visita nos acercamos a la embajada de Vietnam donde tramitamos nuestra Visa para entrar en el país. Coincidió que llegamos el viernes así que hasta el lunes no nos la dieron.

Compramos un billete de bus en una agencia que nos llevaba de Bangkok a Siem Reap. El único problema, que ya nos avisó la chica de la agencia, era la posibilidad de ser timado cerca de la frontera camboyana. Y así fue, a falta de un par de kilómetros de Camboya la furgoneta donde íbamos se detuvo en un restaurante y nos fueron llamando según habíamos comprado el billete. Nosotros fuimos sólos, eramos los penúltimos de nuestra furgo, cual fue nuestra sorpresa al ver a casi todos haciendo el visado allí. Nos llevaron a una sala donde se encontraba un hombre que decía trabajar para el gobierno camboyano, que era agente y que esa era la frontera… ¿una frontera en un restaurante? Nos negamos a realizar la Visa allí y pedimos que nos llevaran a la frontera y que nos dieran la pegatina para poder seguir el viaje una vez cruzada la frontera. No nos pusieron problema alguno y continuamos nuestra marcha. Cuando nos tocó pagar la Visa, el policía (real) si que nos hizo pagarle 200 Baths (6 euros) porque si, sin motivo alguno. Sin embargo en el restaurante el timo ascendía a 15 dolares americanos.

Sellamos nuestro pasaporte y nos llevaron en un autobús a una estación donde esperamos casi una hora a que llegaran el resto de los chicos que habían realizado la Visa en el restaurante. Retomamos el viaje y nos dirigimos a Siem Reap. ¡Ya estábamos en Camboya!

Sur de Tailandia

En lo que respecta al sur de Tailandia visitamos Krabi y las islas de Koh Phi Phi y Koh Tao.

Desde Penang, nuestra última parada en Malasia, tomamos un autobus que nos llevó hasta escasos kilometros de la frontera. Subimos a una pequeña furgoneta y a los pocos minutos llegamos a los límites de Malasia. El número de personas era bastante elevado por lo que nos tocó esperar una hora de cola. Con un nuevo sello en nuestro pasaporte nos montamos de nuevo en la furgoneta y nos dirigimos a Krabi.

Allí buscamos un hostal barato y paseamos por sus calles. La ciudad de Krabi no es para nada especial, lo tomamos como punto desde el que partir a la isla de Koh Phi Phi.

A lo largo de la tarde, compramos el billete de ferry que nos llevaba a la isla al día siguiente, compramos unas chancletas en un mercado lleno de gente y disfrutamos de nuestro primeros y deliciosos noddles y arroz frito. Una comida que nos acompañó durante todo el sudeste asiático.

A primera hora de la mañana siguiente un taxi nos pasó a buscar por el hostal y nos llevó al puerto, desde donde el bote nos llevó a Koh Phi Phi. La verdad que al llegar la isla estaba llena de turistas, sobretodo jóvenes ingleses. Nos adentramos en la isla y encontramos una habitación privada con baño compartido por 300bhts, la única pega era que estaba en la zona de fiesta y por la noche con la música a tope fue difícil conciliar el sueño.

Los días en esta isla los dedicamos a estar tirados a la bartola en la playa, tostarnos al sol, bañarnos en sus aguas cristalinas y nada más. Unas mini-vacaciones en nuestro viaje, un descanso para cargar las pilas.

Por cierto, esta isla fue una de las afectadas por el tsunami que se produjo en 2004 en las costas de Indonesia, Malasia, Sri Lanka, India y Tailandia. Sorprendentemente, la ciudad que fue devastada por el agua, está reconstruida prácticamente en su totalidad.

Del mismo modo, Koh Phi Phi es conocida gracias a una de sus playas, conocida por la película “The Beach”, protagonizada por Leonardo Di Caprio.

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Llegada a Koh Phi Phi
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Los taxis de la isla
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Manu disfrutando de un buen baño
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Vistas desde la playa

Y de Koh Phi Phi cruzamos al golfo de Tailandia a la isla de Koh Tao, donde disfrutamos de unos días inolvidables.

¿Por qué tenemos un gran recuerdo de Koh Tao? Porque disfrutamos de un bautismo de buceo en sus aguas cristalinas, una experiencia única, donde pudimos disfrutar de una alta variedad de animales marinos y corales varios. Todo ello fue gracias a los amigos de “La Bombona Diving” quienes nos trataron de lujo desde el primer minuto.

Isa ya había buceado en España, pero nada comparable a lo que vio en esta ocasión. Manu por el contrario nunca se había sumergido con el equipo de buceo, quien le iba a decir que iba a tener un ataque de pánico en la primera inmersión… Pero ahí estaba Rocio para calmar los ánimos y tras tranquilizarle pudimos volver al agua y disfrutar de la fauna marina. La primera toma de contacto dentro de la agua fue impresionante,bajamos 5 metros y nos encantó todo lo que vimos.

Volvimos al barco y decidimos hacer otra inmersión que nos llevó hasta 11 metros bajo el agua. En la cubierta Rocio nos enseñó una serie de peces y corales que podríamos ver, nos mostró una serie de señales para recordar sus nombres y de vuelta al agua. Esta vez Manu estaba tranquilo y pudimos disfrutar al 100% de unas vistas marinas increíbles. Sin duda fue una experiencia única que recomendamos a todos los que viajen a Koh Tao. Estos últimos 45 minutos bajo el agua se encuentran en uno de los mejores momentos de nuestro viaje.

Como veis nos encantó bucear en Koh Tao y queremos agradecer al equipo de “La Bombona Diving” su profesionalidad.

Pero esta Koh Tao no es sólo submarinismo. Se trata de una pequeña isla con un encanto especial. Nos alquilamos una moto y visitamos sus rincones. En el norte de la isla encontramos una cala muy chula, agua cristalina y cientos de peces. Y de ahí al sur, donde disfrutamos de la playa solos junto a un bonito atardecer.

En Koh Tao dormimos en una habitación privada por 600 Bhts con terraza, baño privado y piscina que aprovechamos al volver de la playa y del submarinismo.

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Manu disfrutando con los peces
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Acoso al llegar a la isla
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Nuestros sandwiches favoritos de desayuno!!

Este fue nuestro paso por el sur tailandés, una zona idílica para pasar unos días de descanso. Tras Koh Tao pusimos rumbo a la capital, Bangkok, donde nos esperaba Zata que había pasado unos días en Phuket. Cuando dejábamos la isla llegaron varios barcos con gente de la isla Koh Pangan, donde se había celebrado la Full Moon Party. La gran mayoría volvían destrozados con heridas y quemaduras en las piernas, incluso uno volvía con gotero… Al parecer la fiesta puede llegar a concurrir hasta 50.000 personas, demasiadas para nosotros.