MYANMAR, Parte II

BAGAN

Llegamos a Bagan y todavía era de noche. Antes de bajar del bus ya había como 50 taxistas conglomerados en la puerta del autobús esperando a que bajáramos, la estación está a las afueras por lo que esa era la única forma de ir al centro. Al bajar dos de ellos incluso se pegaron por la disputa de llevarse a varios turistas.

Nos juntamos a un grupito y tomamos un taxi. Paramos a pagar la entrada a Bagan y buscamos alojamiento. El taxista nos llevó a varios hostales ya que la idea principal era quedarnos todos en el mismo pero las preferencias de cada uno eran diferentes por lo que nos dividimos en dos.

Después de unas horas de descanso, nos levantamos y alquilamos un moto eléctrica para ir a visitar los templos. Hay miles y te puedes estar días y días. La verdad es que nos gustó mucho, sobretodo el amanecer y el atardecer. Os dejamos unas fotos que hablan por si solas.

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Niños jugando al futbol en Bagan

Dejamos Bagan y nos fuimos a la antigua capital de Myanmar, Mandalay. La capital en si no tiene mucho que ver excepto el Palacio, todo lo interesante está a las afueras. Como aún teníamos unos días para estar en el país decidimos ir a un pueblo cercano llamado Hsipaw, habíamos leído sobre él y nos apetecía ir así que decidimos acercarnos y dejar Mandalay para más tarde.

HSIPAW

Hsipaw es un pueblo muy tranquilo, perfecto para hacer trekkings y tener unos días de relax a escasos 200Km al nordeste de Mandalay. Además no hay casi turistas por lo que te sientes sumergido en la cultura Birmana. A nosotros nos encantó. Llegamos en bus y ya era de noche así que salimos a cenar y a dormir.

Durante los dos días que estuvimos en Hsipaw visitamos “Little Bagan”, el nombre lo dice todo, es Little Little, sumergido entre muchos árboles, es como adentrase un poco en la selva. Pequeño pero tiene su encanto. Paseamos por el pueblo con calma, vimos algún templo, a niños jugando por la calle, subimos a ver el atardecer a la Sunset mountain, hicimos algún trekking por los alrededores y visitamos el Palacio Shan, en el que nos recibió la Señora Fern, esposa del Señor Donald (Sao Oo Kya), sobrino del principe de Hsipaw y nos contó la historia de la casa y de los Shan.

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Little Bagan
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Vistas desde la Sunset Hill
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Palacio Shan con la Sra. Fern
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Trekking por los alrededores

Como dato curioso os contaremos que debido a las lluvias que había habido en los últimos días el puente principal se había derrumbado y lo habían arreglado temporalmente. Parecía seguro hasta que vimos el “arreglo temporal”. Os dejamos una foto.

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Puente de Hsipaw con el arreglo temporal tras la riada

Salimos de Hsipaw hacia Mandalay. Tomamos un tren de Hsipaw a Pyin U Lwin ya que durante el trayecto se pasaba por el acueducto de Goteik. Antes de salir conocimos a un grupo de españoles que también iban en el tren pero en clase alta así que no nos sentamos con ellos. Durante el viaje fuimos una atracción para uno de los pasajeros que teníamos sentados al lado ya que no paró de querer hacerse fotos con nosotros y de enseñarnos postales de templos y hablarnos a pesar de que no entendiéramos nada…podríamos decir que estaba entre borracho y colocado por las hojas de paan que mascan constantemente.

Al llegar a Pyin U Lwin tenÍamos que tomar un tuk tuk hasta Mandalay, nos juntamos a los españoles y queríamos ir todos en uno, el único problema fue que el conductor iba tan fino como nuestro compañero de viaje así que nos negamos a montarnos. Unos cuantos se fueron en un coche y nosotros con cuatro de los españoles en el tuk tuk medio tumbados ya que iba llenito de cosas. Fue un viaje interesante, aprovechamos para compartir experiencias y lo pasamos bien. Además nos dejó en la puerta del hostal.

MANDALAY

Volvimos a Mandalay y alquilamos una moto para visitar los alrededores.

Visitamos el templo de las serpientes en Paleik, donde las sacan y las bañan en unas bañeras gigantes mientras les echan dinero y se hacen fotos con ellos. De ahi pusimos rumbo a Inwa, mucha gente nos dijo que había que cruzar en barco pero nosotros encontramos la manera de llegar sin necesidad de cruzar con el ferry. Al llegar a Inwa había que pagar para ver los templos y la verdad…no nos apetecía mucho, ya habíamos visto bastantes así que nos paseamos un poco por la zona, llevando a los turistas en coches de caballos.

Terminada la visita a Inwa pusimos rumbo Sagang, subimos a lo alto de la colina donde visitamos un par de templos desde los que se podía ver toda la ciudad. Salimos de Sagang camino Amarapura, nuestra última parada, para ver el puente de U Being, el puente de teca más largo del mundo con 1200 metros.

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Puente U Being
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Hojas de mascar de paan

Nuestros dos últimos día en Birmania nos lo tomamos de descanso y lo único que hicimos fue subimos a ver la Mandalay Hill a casi 250 metros de altura. Hay que subir descalzo y se tarda aproximadamente unos 40 min, son todo escaleras en las que vas parando en los diferentes niveles. Hay muchos feligreses y paisanos vendiendo cosas por lo que es entretenido. Al llegar arriba puedes disfrutar de las vistas de toda la ciudad, es curioso ver la cantidad de vegetación que tiene ya que desde abajo apenas se aprecia.

Nos despedimos de Myanmar y tomamos un vuelo a nuestro último destino del viaje antes de volver a casa, BANGKOK.

Norte de Tailandia

Dejamos atrás Laos junto con el grupo de franceses que habíamos conocido en los últimos días. Cruzamos la frontera y fuimos directos a Chiang Ray, una ciudad en la que destaca el Templo Blanco, sin duda una edificación espectacular que, en aquel momento, seguía en construcción y que llamó nuestra atención por ser un templo que refleja la actualidad, tanto en el exterior como en el interior.Las pinturas que decoran sus paredes muestran escenas de superheroes, películas y políticos de hoy en día. En lo que respecta al tempo y su decoración por fuera es tan espectacular como la parte interior. Este tempo rompe con el resto y es sin duda es una visita obligada.

Visitamos Chiang Ray un par de días y nos dispusimos a visitar el Norte. Margot nos habló de Mae Salong, un pueblo con una gran influencia china debido a su proximidad a la frontera y queríamos ir a verlo, en el camino pensamos parar en un poblado cercano donde viven las mujeres de cuello largo pero diluviaba y abortamos el plan. Nos montamos en un tuk tuk para ir al siguiente pueblo y, para nuestra sorpresa, ¡compartimos viaje con una mujer de cuello largo! es tremendo el peso que tienen que soportar y sus miradas lo dicen todo.

El viaje a Mae Salong fue muy divertido, tras el tuk tuk tomamos un bus hasta una intersección donde teníamos que coger otro tuk tuk que nos llevaría hasta el pueblo. Al llegar allí el conductor estaba considerablemente borracho y no nos quería llevar si no éramos mínimo 6 ó 7 personas, por lo que ni sabíamos cuanto tiempo nos iba a tocar esperar así que…volvimos a nuestros orígenes de autoestopistas y nos pusimos manos a la obra, el conductor se reía hasta que una familia muy simpática que había ido a montar un puesto de sushi al negocio de enfrente se ofreció a llevarnos en su camioneta, en la parte de atrás. Había llegado otro hombre con maletín y traje que se apuntó también. El conductor del tuk tuk se puso como una fiera y comenzó a pelear (verbalmente) con la familia, no entendíamos nada pero terminaron llevándonos.Y menos mal porque ¡vaya cuestas y vaya curvas! Nos dieron agua y lichis para el camino. Cuando llegamos a Mae Salong nos pidieron una foto de recuerdo.

Mae Salong nos encantó, estuvimos dos días en un hostal super barato (3€ la noche). Se caracteriza por la cantidad de plantaciones de té que antiguamente eran de opio. Hicimos un par de trekkings viendo los campos de té, visitamos una fábrica, unos pueblos de alrededor y jugamos con los niños. Es realmente como nos explicó Margot, lleno de restaurantes chinos, comercios con especialidades chinas y carteles en chino.

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Campos de té
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Jugando con los niños en Mae Salong

Seguíamos en época de lluvias y el día que nos íbamos cayó un diluvio. Fuimos en tuk tuk hasta Chian Mai.

Una vez allí nos despedimos de Margot y Pablo ya que habíamos encontrado couchsurfing. Nos quedamos en casa de Sam. Había nacido en Tailandia pero se exilió a Estados Unidos cuando era un adolescente y ahora, que se había prejubilado, había decidido volver a su país, aunque no lo vimos muy convencido. Vivía a las afueras de la ciudad en una casa como metida en un bosque. Hizo dos viajes en moto para llevarnos y al día siguiente alquilamos una moto para visitar la ciudad. Sólo nos quedamos un par de noches y una de ellas nos cocinó un plato muy rico y picante y hablamos largo y tendido de la vida en Tailandia y sus diferencias con EEUU.

Chiang Mai no nos llamó especialmente la atención, millones de templos algunos muy bonitos y otros no tanto…

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Manu y Sam en Chiang Mai
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Uno de los Templos de Chiang Mai

Nos despedimos de Sam y pusimos rumbo a Pai. Un lugar turístico total. Allí nos reencontramos con Margot y Pablo y el grupo de franceses que habíamos dejado atrás. Alquilamos una moto e hicimos la ruta circular típica; visitamos la Cascada Mo Paeng, el puente japonés y el Cañon de Pai, en el que vivimos uno de los momentos más estresantes del viaje. Manu estaba haciendo una bonita foto cuando se le cayó el móvil montaña abajo, hay que recordar que el pobre ya ha perdido un par de cosas (de las que ya no se habla) durante el viaje, el móvil no era importante pero lo que había dentro si así que, sin pensárselo mucho prácticamente se lanzó pendiente abajo en chanclas y después descalzo, pudo ver que no podía recuperarlo y al intentar ayudarlo a  subir perdió una chancla y casi se va hasta el fondo. Por suerte apareció un “salvador”, un israelita que parecía experto y bajó con dificultad hasta abajo a buscar el móvil y la chancla perdida.

Lo más típico en esta zona es hacer lo que llaman el “loop” Chiang Mai-Pai-Mae Hong Son, nosotros no lo vimos claro, son bastantes curvas, cuestas y era época de lluvias. Margot había encontrado unas cuevas cercas de Pai así que hicimos dedo hasta llegar a Sopong, un pueblo cuya calle principal es la carretera y en 15 min lo has visto todo. Llegamos de noche, cenamos y unos fuimos a dormir. Al día siguiente cuando salimos para ir a las cuevas nos encontramos con una especie de procesión, iban con instrumentos, bailando y una especie de palmeras hechas con billetes. Nos unimos a ellos y fuimos hasta el templo. Estaban recaudando dinero para construir uno nuevo al lado, nos invitaron a comer e incluso nos hicieron bailar con ellos alrededor del templo tal y como indica el ritual, fue muy divertido, todos nos hablaban y nos indicaban cosas.

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Procesión de Sopong
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Bailando con los locales

Fuimos a ver las cuevas, bonitas pero nada impactante después de haber visto las de Vietnam, volvimos de nuevo a dedo hasta Pai y después de esperar un rato conseguimos que nos llevaran a Chiang Mai, sin duda el día nos salió redondo.

Al día siguiente nos despedimos de Margot y Pablo, ellos terminaban su viaje en Bangkok y nosotros nos quedamos un par de días más con Laura y Miki en Chiang Mai, unos amigos de Isa que estaban de viaje en Tailandia. Aprovechamos para que Manu fuera a una peluquería típica, vimos los alrededores de la ciudad en moto y fuimos a un combate de Muai Thai.

Nos despedimos de Laura y Miki y tomamos una minivan llena hasta arriba hasta Sukhothai, la primera capital de Tailandia. Lo importante de Sukhothai es la parte antigua, donde están todas las ruinas de los diferentes templos. Nos hizo un día super caluroso y lo visitamos en bici. Nos tomamos un día de descanso en Sukothai y continuamos el viaje hacia Myanmar.

 

Un poquito de Vietnam

Hoy os contamos como fue nuestro camino desde el sur de Vietnam hasta casi llegar al norte del país.

Cruzamos la frontera de Camboya-Vietnam por la mañana, en la frontera engañaron a casi todos con que tenían que medirse la fiebre y pagar 1$ para poder pasar, por suerte nos los sabíamos y lo evitamos. Cogimos un autobús con gente local muy simpática, nos invitaron a probar comida típica e incluso nos consiguieron un transporte gratis para que nos llevaran al alojamiento una vez que llegamos a Ho Chi Minh City. Nos quedamos en casa de Ai Linh y su familia. Fue una buena experiencia, ya que estuvimos algo apartados de la zona civilizada y, además, la familia tenía un restaurante de comida en el piso de abajo así que probamos la comida típica.

En Ho Chi Minh visitamos los túneles de Cu Chi, que utilizaban los vietnamitas en la guerra para esconderse de los norte americanos, y el museo de los Vestigios de la Guerra de Vietnam. Os dejamos una de las miles de imagen que nos marcaron.

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Tras Ho Chi Minh nos fuimos a Dalat, , una ciudad que no nos llamó mucho la atención, buenos paisajes y poco más, lo que más nos llamó la atención fue la Casa de los Locos, podríamos decir que es un estilo Gaudí más o menos, y por otra parte el café Kopi Luwak. Este café es uno de los más caros del mercado, se trata de un café que ha sido comido y defecado por una comadreja, dicho así suena un poco asqueroso la verdad… No llegamos a probarlo por las condiciones a las que tenían sometidos a los animales y también por su excesivo precio. Nos quedamos en una Guest House que estaba llena de israelitas, deglutamos durante varios días sus platos típicos y nos la pasamos bastante bien con ellos.

Lo mejor, Manu aprendió a conducir motos!!! Nos llevó unos 5 minutos aproximadamente, fue un buen alumno. Allí mismo además compartimos un rato con unos niños a los que terminamos dándoles la comida que nos habíamos comprado y unos chupa chups.

Dejamos la que dicen es la ciudad del amor en Vietnam y fuimos a Hoi An, uno de los pueblos más bonitos del país, bonitos edificios, iluminación colorida, callejuelas con historia, aunque muy masificada por el turismo. Una de las señales es que lo que seguramente era una tradición de luna llena se ha convertido en una tradición diaria, encender un farolillo, pedir un deseo y dejarlo fluir por el rio.

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Después de un par de días en Hoi An de descanso nos pusimos rumbo a Hue.

Fuimos por nuestra cuenta en autobús local y tren (hard seat, asiento de madera), el tren iba por la costa y las vistas merecían la pena, fue un poco difícil porque los locales no ayudaban pero lo conseguimos. Lo malo fue que la estación de tren estaba a casi 4km de nuestro hostal (para uno que reservamos). Nos tocó sudar para llegar.

En Hue destaca la ciudadela pero esta bastante destruida y las tumbas imperiales, 7 en total, algunas de ellas muy impresionantes.

De Hue nos fuimos a Dong Hoy también en tren y la misma historia que en Hue, nos toco andar bastante porque la estación estaba apartada de la ciudad. Aquí hicimos base para ir a las cuevas de Phong Nahm, muy chulas, entras en barquita y caminas por dentro. Os dejamos unas fotos para que veáis como son.

En la próxima entrada hablaremos del norte de Vietnam, la parte del país que más nos gustó con la vida de Hanoi, la bahía de Halong y los arrozales de Sapa.

De Rosario a Montevideo a dedo

El viajar a dedo tiene ventajas e inconvenientes. Pero de algo estamos seguros, los viajes que hacemos a dedo siempre te dejan un recuerdo especial, conoces gente variopinta, aspectos de la vida, que antes de que emprendiéramos este viaje no habríamos podido imaginar.

El trayecto de Rosario a Montevideo fue uno de esos viajes que recordaremos durante mucho tiempo.

Nos levantamos a eso de las 9am y tras despedirnos de Carol y Eric nos subimos a un bus que nos llevó a la terminal. ¿Por qué no hicimos dedo desde Rosario? Las afueras de la ciudad no son muy seguras así que decidimos ir en colectivo hasta Victoria, una ciudad cercana.

En Victoria fuimos a una gasolinera y un camionero nos llevó hasta un cruce en el que era más fácil que nos levantaran. Tras 15-20 min, en los que levantaron a 5 personas en diversos sentidos nos levantó un hombre que viajaba con su mujer y una de sus hijas. Era un vendedor ambulante que venía de comprarse una camioneta y nos comentó que en un buen día puede llegar a ganar hasta 3.000 pesos ARG, al cambio oficial unos 300€, fue un dato que nos impactó un poco. Paramos en Gualeguay a comer, nos invitaron a una super milanesa ¡gigante!. La gente que te levanta en la ruta suele ser super amable.

Allí nos dejaron porque ellos iban hacia Buenos Aires, andamos cosa de un kilómetro y el primer coche que pasó, paró. Ni un minuto llevábamos parados, Isa quería hacer pis y ni le dio tiempo. Se trataba de una pareja de señores que viajaban con la madre de ella. Se dirigían a Gualeguaychu. Hasta allí fuimos con ellos. Nos contaron que habían vivido 20 años en el sur de Argentina y que cada semana levantaban a una profesora que tiene que andar 15 Km cada día y hacer dedo para poder llegar a trabajar. También nos comentaron el conflicto que hay en la frontera entre Uruguay y Argentina por una papelera que al parecer contamina demasiado.

Nos dejaron en un supermercado que estaba en la ruta hacia Fray Bentos. Esta vez paró una camioneta a los 10 minutos que nos llevó 10Km a otro cruce  donde era más fácil para que nos llevara alguien hasta la frontera. Según nos bajamos vimos que venía una camioneta y le hicimos señales para que parara y se detuvo sin pensarlo. Era la policía rural que iba hacia su oficina que estaba en medio del campo. Les acompañamos a dejar unas cosas que llevaban atrás (se estaban montando una casa) tomamos mate con ellos en el camino y nos llevaron hasta la frontera. Hasta nos dieron su número por si teníamos algún problema.

La frontera entre Uruguay y Argentina la separa un puente que sólo puedes cruzar en vehículo, cosa que no sabíamos. Creemos que la única razón es porque hay que pagar un peaje. Allí el primer coche que llegó nos levantó y nos dejó al otro lado, ellos seguían para Fray Bentos. Sellamos el pasaporte y de nuevo a buscar otro coche.

Hablamos con el policía que está en una caseta a la salida de la frontera y nos dijo que él nos encontraba un camión. Cada auto que cruza la frontera tiene que entregar un papel y el policía preguntó uno a uno a cada camionero o coche que salía hasta que un buen samaritano decidió llevarnos. ¡Iba directo a Montevideo!

Se trataba de un argentino que llevaba viviendo en Montevideo 2 meses; su trabajo era hacer letras para tiendas, modo cartel. El hombre casi se nos queda dormido, había salido ese mismo día de madrugada a Buenos Aires para cerrar un negocio y del tirón agarró el coche para volver a Montevideo. Menos mal que le dábamos conversión sino no sabemos lo que le hubiera pasado, llevaba casi 12 horas conduciendo.

Llegamos a las 11 de la noche a Montevideo, nos dejó en un barrio que al parecer no era muy bueno pero no tuvimos problema para sacar dinero y subirnos a un bus. Tuvimos que hacer transbordo, pero gracias a que el cobrador nos dio su tarjeta-bus no tuvimos que pagar de nuevo.

A eso de las 12.30am llegamos a casa de Felipe y Santi, los chicos con los que nos quedamos la vez que fuimos a Montevideo con Raquel.

Tras 3 autobuses urbanos, un bus de línea, un camión, cuatro coches, la parte trasera de una camioneta y una camioneta de la policía rural y 14h de viaje llegamos a nuestro destino. Total de dinero gastado 200 pesos ARG y 50 pesos URU, unos 6€ cada uno.

Rosario, ciudad de leyendas

Llegamos a Rosario a las 14h. Tuvimos que cambiar billetes por monedas nada más llegar para subir al bus, ya que si no tienes la tarjeta la única opción de pagar es con monedas. Parece una tontería pero hoy en día en Argentina encontrar monedas a veces no es tarea fácil.

Carol y Eric, nuestros host en Rosario, nos indicaron perfectamente como llegar a su casa por un mensaje así que fue fácil. Estuvimos esperando en la puerta 5 minutos y llegó Carol de trabajar, dejamos las mochilas, nos indicó como llegar al centro y nos fuimos para allá. Ella tenía que volver a trabajar así que quedamos con ella en la peluquería de un amigo que le estaba dando clases de cómo peinar y cortar.

Compramos algo de comer en el supermercado, comimos en el parque tranquilamente y conocimos un poco la ciudad.

Rosario, ubicada en la provincia de Santa Fe, es la tercera ciudad más poblada de Argentina. Conocida también como la Cuna de la Bandera Argentina, ya que es el lugar donde nació la bandera y por ello el punto turístico más importante de la ciudad es El Monumento a la Bandera. Seguramente muchos conoceréis Rosario por ser la ciudad natal de leyendas  como el Che Guevara o Leo Messi.

Paseamos por el Malecón, visitamos el Monumento a la Bandera y el Museo, fuimos en busca de la casa del Che, pero fue un poco decepcionante, y empezó a llover así que nos metimos en una cafetería a tomar un café calentito.

Monumento a la Bandera Argentina
Monumento a la Bandera Argentina
Parte trasera del Monumento a la Bandera
Parte trasera del Monumento a la Bandera
Monumento a la Bandera
Monumento a la Bandera

Cuando paró nos fuimos a la peluquería donde habíamos quedado con Carol y allí peinó a Isa  y se atrevió (bueno, Manu se atrevió más bien) a cortar el pelo a Manu que ya tenía una buenas melenas. Cerramos la peluquería y nos fuimos a un bar en el que habían quedado unos cuantos miembros de Couchsurfing para cenar y hablar sobre su escapada al Oktoberfest en Villa General Belgrano.

Disfrutamos de una buena cena, bebimos cervezas y pasamos un rato muy agradable intercambiando experiencias. Después pillamos un taxi a eso de la 1 de la mañana y fuimos a tomar la última a un bar cerca de casa. Esta claro que la mañana siguiente no hicimos nada. Dormimos hasta las 12 y estuvimos vagueando en el salón mientras veíamos la tv. Eric y Carol nos enseñaron a hacer empanadas árabes al estilo tucumano (Eric es de San Miguel de Tucumán) con mucho limón. Llovía bastante así que nuestro plan de cruzar a las islas se desbarató, vino el padre de Carol con unos dulces, tomamos mate y fuimos con él a hacer un minitour con el coche y nos mostró la parte de la ciudad que no habíamos llegado a ver.

Volvimos a casa, nos duchamos y fuimos a casa de unos amigos que celebraban que uno había acabado la carrera y ya de paso se despedían de Eric y Carol que, en unas semanas, se iban 4 meses a viajar por Brasil, ahora mismo están ya en ruta así que esperamos que les esté yendo genial ¡¡y que volvamos a coincidir pronto!!.

Para cenar habían preparado una pata de cordero que estaba buenísima, bebimos vino, hablamos sobre nuestro viaje, vimos unos vídeos graciosos por Internet y está claro que tomamos Fernet con cola, además de unos helados muy ricos.

El domingo fuimos a comer a casa de los padres de Carol (como veis no paramos de comer) y por la tarde Manu estuvo viendo el Clásico argentino, River Plate-Boca Juniors por la tele con Eric. Más que un partido de fútbol parecía un partido de Waterpolo por la cantidad de agua que había en el campo.

Con Carol y Eric
Con Carol y Eric

El lunes a primera hora pusimos rumbo a Uruguay a dedo, nos esperaban unos 800 Km de viaje.

¿Cuándo tardaríamos en llegar a Montevideo?